Good Morning

Ayer por la noche me acosté tarde. Bastante tarde, puedo añadir. Leyendo unas cosas y otras, pero principalmente escribiendo. Unas cosas y otras. Ya saben, es lo que —en mi caso— tiene estar de vacaciones, que uno acaba acostándose y levantándose a las horas que le viene mejor; y para mi, esas horas son, como suele decirse, las tantas. Se me acaban pronto, de todas formas. Una pena, nos vamos a echar de menos, yo a ellas y ellas a mi.

Continúo. El caso es que, habiéndome acostado casi a las seis, esta mañana a las ocho mi estómago estaba absolutamente vacío, y mi cabeza se ha puesto a desvariar. Y durante media hora, tiempo que he tardado en darme cuenta de que no iba a llegar a ningún sitio, y menos a ningún tipo de sueño profundo que es básicamente detrás de lo que iba, he estado visualizando con los ojos cerrados cómo sería este blog si estuviese conectado directamente a mi cabeza. Igual que —yo lo he hecho, no es que conozca a un amigo que lo ha hecho— imagina uno ese cuadro —que para mí, por alguna razón, siempre es de estilo impresionista— en la cabeza que luego las manos jamás son capaces de llevar a la realidad, así me imaginaba yo esto. Y la verdad es que publicar directamente desde mi cabeza para mi sería más cómodo y para ustedes mucho más fascinante de lo que es. Ahora algunos dirán que estoy obsesionado; algunos como por ejemplo, un, dos, tres, responda otra vez, mi primo. Bueno, no me paso el día pensando en cosas que escribir para este blog, pero sí me paso el día pensando cosas que escribir, y por alguna razón, bastante obvia, muchas de ellas acaban aquí.

Y eso es todo. Mientras me preparaba un pequeño bocadillo de salchichón con ketchup —sí, como lo han oído—, y me lo comía acompañado de un par de vasos de zumo de naranja, he encendido el portátil y he escrito esto. Y la verdad es que ahora mucho sueño, como que no tengo... pero soy fácil de convencer.