Confianza

En las últimas semanas, y especialmente en la última vía del día, que dejé a medias en la salida a Chulilla (creo que era Verano 97, 6a+), me he dado cuenta de que hay dos maneras muy diferentes de escalar. La primera de ellas es la que domina casi exclusivamente cuando comienzas a escalar, en especial cuando vas de primero pero que en algunas personas se da también subiendo en top. A esta forma de escalar la llamo "la próxima chapa", y es aquella en la que cualquier movimiento o pensamiento está dirigido a alcanzar la siguiente chapa; montar o encadenar la vía puede ser el objetivo que uno busca desde el pie de vía, pero entrado en materia, no es más que un objetivo secundario o incluso ni siquiera eso; la mayor parte del tiempo, se pasa francamente mal. El sentimiento que domina en este tipo de escaladas es el miedo: miedo a caer, miedo que los agarres no sean suficientemente grandes, miedo a que los pies se resbalen, miedo a quedarse entre dos chapas sin saber qué hacer, miedo a que los dedos o los brazos se cansen, miedo a perder el equilibrio. Estas escaladas están dominadas por la necesidad de deshacerse de la ansiedad que produce la inseguridad de estar por encima de la última chapa, y volver a sentirse seguro anclado firmemente a la pared sin riesgo de vuelo; así que se escala hasta la próxima chapa, se descansa mentalmente y se estudia tranquilamente el camino hasta la siguiente, aunque en el tramo "inter-chapa" puedas haber superado pasos más complejos sin ese tiempo extra y realmente no estés cansado. En este tipo de vías el miedo y la ansiedad se convierten en un importante limitador del rendimiento, lo que hace a la persona entrar en un bucle que sólo se detiene al alcanzar el seguro: el miedo genera inseguridad, que entorpece los movimientos y genera más miedo, que a su vez genera más inseguridad... y si tenemos mala suerte, esa misma inseguridad acabará haciendo que caigamos en puntos que de ir en top tendríamos totalmente controlados. A pesar de la satisfacción de haber encadenado o montado una vía, el grado de disfrute en estos casos es muy limitado y a medio/largo plazo tengo la impresión de que es insuficiente para continuar con la escalada.

A medida que uno continúa escalando y va adquiriendo experiencia, tiende a aparecer una forma de escalar mucho más continua e intuitiva, que suele corresponde a la escalada en vías de su zona de confort; vías en las que uno se siente cómodo, bien porque están por debajo de su nivel, bien porque las conoce y/o las ha hecho varias veces en el pasado. Dónde se encuentra la siguiente chapa adquiere menos importancia desde la perspectiva del escalador (obviamente, uno sabe que están ahí, porque de no haber chapas la cosa cambiaría significativamente), y en ocasiones incluso hay que avisarle de que está dejando la chapa atrás. No hay un objetivo claro en este tipo de vías, más que la escalada en sí misma, y es donde realmente se disfruta de la ascensión. El sentimiento que prevalece en estas vías es la confianza, y es muy importante conseguir llegar a este punto cuando se está comenzando a escalar, aunque hablemos de vías de cuarto grado, ya que constituye un refuerzo positivo mucho más importante que finalizar una vía. Por ello, sobre todo al principio, es importante de vez en cuando darse un descanso y encadenar alguna vía en la que nos sintamos cómodos.

A pesar de mi corta experiencia, creo que una buena parte de los escaladores, en mayor o menor medida, seguimos estos dos patrones. En mi caso, he podido comprobar que el primer "modelo" sigue prevaleciendo en mi comportamiento en vías que están algo por encima de mi nivel (6a+/6b, dependiendo de la gradación de la escuela), independientemente de las consecuencias que pueda tener una caída, lo que bloquea mis movimientos, incrementa el riesgo de caída y dificulta disfrutar de la vía.

No cabe duda de que el miedo es un sistema que nos protege de asumir o exponernos a riesgos innecesarios o excesivos; de no existir, estaríamos matándonos subiendo sin cuerda séptimos o octavos. No obstante, es importante distinguir cuándo el miedo aparece de manera justificada por una primera chapa muy alta, un mal paso justo tras una repisa, un anclaje poco fiable, una situación demasiado pendulante, y cuándo aparece simplemente por salir de esa zona de confort. Como decía antes, la escalada más agradable suele corresponder a escalada en vías que uno conoce o que están ligeramente debajo de su grado, pero en realidad eso no tiene porqué ser así; hay gente que se enfrenta a vías por encima de su nivel sin que el miedo a caer los domine. Lo cierto es que fuera de nuestra zona de confort podremos encontrar más dificultades físicas, más problemas para encontrar agarres o buenos pies, pero la vía no tiene porqué ser intrínsecamente más peligrosa que otras de menor grado, y es vital reconocer ese hecho. Es difícil apartar de la cabeza el miedo a una caída, concentrarse en la propia escalada y dejar de pensar, pero si se consigue, los beneficios para la escalada pueden ser muchos, tanto a nivel del rendimiento ya que se gana libertad de movimientos, como para el disfrute, ya que el miedo no es ya lo que domina la actividad.

Quizá la manera más "sencilla" de conseguir salir de la zona de confort sin que la escalada se convierta en un padecimiento constante en busca de la próxima chapa sea cayendo una y otra vez, hasta que se asume que "volar" es parte de la escalada y es un riesgo que en las circunstancias adecuadas es razonable asumir. Claro que, como estarán pensando, decirlo es una cosa y otra muy distinta conseguirlo. Como suele decirse, estamos trabajando en ello...