Colchón

Tumbado boca abajo en la cama con un brazo colgando fuera de ella, lo primero que vió al abrir los ojos fueron aquellas bragas rojas de encaje tiradas en el suelo. Claro que aquello no era normal, puesto que su mujer hacía años que no gastaba ese tipo de delicatessen, ni tampoco lo era dormir desnudo, costumbre que hacía mucho que había abandonado, pero no estaba en esos momentos demasiado capacitado para cuestionar su realidad más inmediata. Sentía la lengua pastosa, una sensación que se prolongaba hacia dentro por su garganta, y que al parecer, también lo había hecho hacia fuera, en forma de una desagradable mancha que se extendía debajo de su boca. La visión de un toro de lidia en el ruedo, jadeando, con la boca abierta y un hilo de saliva colgándole de la lengua le vino a la cabeza por un instante, pero su propio instinto de conservación se encargó de reemplazarla. Casi inconsciente como se encontraba, alejarse de la humedad del colchón era su mayor y único objetivo, así que a duras penas, se dió la vuelta y respiró profundamente, agradeciendo el cambio de posición. Quería seguir durmiendo. No, necesitaba seguir durmiendo.

En ese momento, una voz de mujer le susurró al oído algo que no se molestó en entender, mientras un cuerpo femenino desnudo y caliente se pegaba a él y unas manos suaves empezaban a masturbarle lentamente.