Breve historia de mí mismo contada por mí mismo

Llevo algo más de 900 millones de segundos sobre este planeta. Aunque no sé si tantos millones son muchos o pocos, visto fuera de contexto, me adhiero a la opinión de una ¿amiga? que me dijo cuando se lo pregunté que lo de los millones siempre suena a mucho. Es verdad. El día que cumpla mil millones de segundos debería celebrar algo. Es una cifra espectacular si lo asocia uno con el tiempo y la propia vida.

No recuerdo mucho de mi vida hasta este momento, así de repente y a contar en formato reducido. Nací un viernes cinco de noviembre de 1976, aproximadamente a las nueve y cuarto de la mañana. Fue un día importante, a decir por el resultado actual, aunque yo no me acuerdo de nada. Todo el mundo parece estar muy seguro de que nací, así que me fio de ellos. De todas formas, puesto que yo estoy aquí, o pasó ese día o unos días meses o años después, pero desde luego que nací. Ya lo dijo Descartes: Nací luego existo.

Luego de nacer, crecí, que es algo que hace casi todo el mundo, y me hice más alto y más guapo, pero no más listo, porque yo siempre he sido muy listo. Bueno, también he sido siempre muy guapo. Aunque no era alto; nací ridiculamente enano, para consuelo de mi madre. Si hubiera nacido midiendo un metro y setentaiseisosiete centímetros lo habríamos pasado mal. Ella y yo. Además me habría perdido la gracia de medirme durante tantos años. Así pues, mientras crecía, que era algo que necesitaba, me encontré con la pubertad y la adolescencia, pasé a la una y a la otra con más pena que gloria, a decir de las fotos que se conservan de tan atormentada etapa, y llegué a ser un joven de los que llaman hoy jovenes, aunque ya no puedo llevar ni Carnet Jove. Y aquí estoy.

Ya. FIN.