Breve complemento a la breve historia de mí mismo contada por mí mismo

Vista la cálida acogida que ha tenido mi pequeño relato autobiográfico, y debido al gran número de peticiones recibidas y a mi compromiso con los lectores de este blog, he decidido darle continuidad aportando algunos detalles adicionales, si bien teniendo en cuenta que el grueso de mi existencia hasta la fecha ya ha sido narrada en profundidad.

Nací, eso ya ha quedado claro. Pero lo hice en unas condiciones lamentables. No sólo nací pequeño —pero muy guapo y muy listo—, sino que aunque mi centro de gravedad estaba a ras de suelo, no era capaz de mantenerme en pie. Homo erectus... ya, claro. Además, era incapaz de controlar ninguno de mis esfínteres, lo que probablemente daba lugar a situaciones más que embarazosas para mi ya que cagaba y meaba ——perdón por el vocabulario, pero es necesario- cuándo y dónde me venía en gana. Posteriormente deduje, a partir de este dato, que vine a este mundo sin sentido del ridículo, lo cual era una ventaja dada mi falta de pudor. Me consuela pensar que al menos la Madre Naturaleza hizo algo bien, porque es que aquí no acaba la lista de pegas. Como no tenía piezas dentales -ni una-, no podía comer macarrones ni costillas de cerdo ni paella, y cuando por fin comenzaron a salir, como tampoco sabía hablar, berreaba constantemente a cualquier hora del día y de la noche, algo en lo que había cogido mucha práctica porque había sido mi ocupación favorita durante semanas. De todas formas, no me cabe duda de que era una criatura muy entrañable, por decir algo a favor. Entrañable cuando no estaba llorando meando o cagando, claro. Tengo que decir que toda esta información está obtenida de fuentes en principio fidedignas, aunque me cuesta creer que yo viniese a este santo planeta con tal cantidad de defectos de fabricación. Los padres, tras ser consultados (en realidad no, pero no creo que sea necesario), declinan toda responsabilidad.

Probablemente estaréis sorprendidos de que haya sobrevivido hasta este momento tras pasar por tal estado de debilidad y vulnerabilidad. Obviamente mi inteligencia, fuerza de carácter y saber hacer fueron bazas importantes a mi favor. Y que era muy guapo. Eso también. Pero lo que probablemente os sorprenda más es saber que, a pesar de la gran cantidad de imperfecciones con las que nací -y de las que no me queda ninguna, afortunadamente-, no fui el único, aunque sí el primero. No debería hacer falta decir que yo aprendí a andar antes, más y mejor, y berreaba, me cagaba y me meaba menos y con más arte que los que vinieron después -es decir, mis hermanos-, a pesar de lo que ellos digan. Eso sí, tengo que decir a su favor que son todos muy guapos y muy listos.

Pero yo lo soy más. Y además, soy más alto.

Y ya. FIN.