Andando de puntillas...

Ayer, hablando por teléfono con una amiga, me dijo que hoy viernes (creo) tenía su primera presentación de un proyecto a unos clientes. Yo, después de asegurarme —preguntándole— que todos los presentes serían hombres, le sugerí que se pusiese una minifalda y un buen escote y no se preocupase demasiado.

Imagino que un comentario así despierta ciertas reticencias. Yo no sé si las despertó en P., pero de alguna forma decir algo así es, teniendo en cuenta las diferencias salariales y discriminación laboral femenina, invitar instantáneamente a la duda sobre la consideración que tiene el sujeto responsable de tales palabras acerca de la capacidad laboral de la mujer, tanto a nivel general como particular.

Tampoco es que yo pensase demasiado en las consecuencias o segundas lecturas de mis palabras en esos momentos, pero de cualquier forma, nada más lejos de mi intención que invitar a la especulación. Porque no pienso que el uso —o incluso abuso— que una mujer haga de lo que acostumbran a denominarse "armas de mujer", tenga que condicionar ni poner en duda, ni remota ni cercanamente, la opinión de las capacidades laborales de una mujer. Así que mi comentario era totalmente inocente y sin visos de ir más lejos que una simple chorrada jocosa, cuya potencial malentendido me ha servido por cierto para el post de esta noche.

Confieso que me está costando bastante decir esto de manera que no pueda malinterpretarse, porque no siempre resulta sencillo plasmar en palabras las ideas que uno tiene en la cabeza. Quizá sea esto precisamente eso que llaman corrección política. Reformulando lo de arriba, diría que todo aquello que una mujer pueda conseguir usando sus "armas de mujer" es válido y no puede utilizarse para poner en cuestión cualquier otro tipo de capacidades profesionales.

De algún modo, igual que se valoran cosas como el compadreo entre hombres en determinados ámbitos laborales, o de modo más general capacidades sociales como la buena presencia o la facilidad de socialización y conversación, las "armas de mujer" son una baza que la mujer tiene todo el derecho a utilizar, sin que ello conlleve ningún tipo de segundas interpretaciones. Vamos, P., que te pongas minifalda o no (por supuesto, yo sé que no, porque no sé quién narices va a una presentación de un proyecto en minifalda), seguirás siendo una gran profesional.

Joder, como cuesta esto de andar de puntillas.

Bien, ¿alguna objeción? (sí es así, es que me he explicado mal).