Siete Espadas

Después de ser convencido de que Inmersión Letal no consistía principalmente en Jessica Alba y el maravilloso cuerpo que la Naturaleza le ha concedido, sino que además la película contenía impresionantes tomas marinas, accedí a verla. La verdad, soy reticente a ver una película por el reclamo del físico de alguna protagonista, y para ver fondos marinos, prefiero los documentales de la BBC, pero vaya, pensé que la película contendría algo más, así que me dejé convencer. Pero no os podré confirmar esto, porque no encontramos la película en cartelera (olvídate de encontrar el 50% de las películas si hay algún gran estreno como King Kong o Harry Potter), así que entramos a Siete Espadas, una coproducción entre China y Corea del Sur, lo que suponíamos sería una película épica de acción y artes marciales. Siempre podríamos vacilar de pedantes habiendo ido a ver una peli chino-surcoreana.

Como primer dato, diré que la película duraba inicialmente cuatro horas, pero fue recortada hasta dos horas y media, de una manera bastante salvaje. Y es que parece que le dieran unas tijeras a un becario y le dijesen que cortase 500 metros de rollo, ya que especialmente al principio, hay un momento en el que te preguntas dónde coño está el trozo que toca; empiezan a aparecer personajes que no habían aparecido antes, como si llevasen ahí toda la película, y los protagonistas aparecen de súbito en un lugar y con unas pieles como si hubiesen sido teletransportados. Cuando esto te pasa a los quince minutos de película, coño, asusta, porque ya no sabes qué vendrá luego y empiezas a pensar madremiadóndemehemetido.

El argumento. Al parecer, la acción transcurre en China, donde tras la prohibición imperial de la práctica de las artes marciales, un malo malísimo (que como se dice en la crítica de The Dreamers, «nos hace sentir mas pena que odio hacia él») con un ejército de mercenarios neopunks se dedica a exterminar aquellos pueblos que las practican, para cobrar la recompensa que ofrece el emperador. Y esa es la única parte que está clara de toda la película, porque llegada la mitad, ya no sabes qué buscan, ni de quién huyen, ni porqué hacen lo que hacen, ni cuál era la razón de todo aquello. Como dijo Óscar transcurrida una hora, no me acuerdo cuál era el propósito de todo esto. Particularmente esclarecedor es el caso de La Perla Verde, una mujer coreana que está completamente ida toda la película, como subida en una nube, y cuya nacionalidad parece ser, sin que nadie sepa porqué, de vital trascendencia. Pues bien, después de adquirir un gran protagonismo, chupando minutos y minutos de cámara, simplemente va y se muere, así, sin más, y sin haber tenido absolutamente ninguna trascendencia para la historia. No es que me moleste, que la peli no la hago yo, pero uno espera que si le molestan con un protagonista que roza la catatonia y alrededor del cual giran gran cantidad de escenas, que todo eso sea para algo. Pues no. Finalmente, por si todo lo dicho hasta ahora fuese poco, y por si la historia de por si necesitase de más complejidad, al mismo tiempo hay además tres historias de amor con triángulo amoroso incluido, en los que no te enteras -debe ser por eso de ser orientales- quién está con quién ni cuando ni porqué. Será que son muy promiscuos y están todos con todos, o yoquesé, o veteasabertú. En conjunto, la película resulta tal embrollo argumental que tienes la sensación de no estar enterándote de nada.

Sigamos. Siendo una historia épica, uno espera que tenga algo de épico, o al menos que lo simule. Y lo tiene, aunque lo expresa de manera muy extraña. Como he leido en alguna parte, «confunden épica con saturación de figuras recortadas en el horizonte». Para empezar, cuando hay caballos, siempre hay música, estilo Bailando con Lobos, como si su sola presencia en pantalla fuese suficiente para despertar en el espectador las lágrimas y los sentimientos. Especialmente "emotiva" (¡ejem!) es una escena en la que, al parecer -no estoy seguro-, sueltan a los caballos para distraer a los malos, y uno de los protas le tiene especial cariño a uno de ellos. Bien, lo entiendo, coño, que todos tenemos mascotas. Lo que no entiendo es que empiece a gritarle en la llanura su nombre y que se cuide (al caballo), y eso lo haga una, y dos, y tres veces, hasta que empiezas a sentir vergüenza ajena, y ves al tipo que acompaña al histérico y sufres por él, y por la situación tan incómoda en la que se encuentra, y que debe estar pensando quécoñohagoyoaquíconestanenaza. Tampoco no faltan los pensamientos y diálogos en plan filosofía oriental, que resultan completamente absurdos y carentes de profundidad. Por ejemplo, uno de los protas haciendo de Jorge Bucay: «en todo esto que ahora te asusta y te parece malo (la visión de toda su puta aldea masacrada), algún día mirarás dentro de ti descubrirás algo bueno» ¿Ein? Después de esto, estás esperando que el niño le diga ¿qué te pasa, eres idiota o es que vives en un mundo paralelo? Pero no le dice nada, porque los niños son completamente inexpresivos; parecen estar toda la película alucinando de estar donde están (en el rodaje de una película). Da la sensación de que el director se ha ido a cualquier pueblecito chino y ha cogido cuatro -más de cuatro- niños y los ha metido en la película sin explicarles nada de nada. Claro, así es normal que alucinen. Pero lo peor de todo, y ya es mucho decir, es que las escenas de acción, lo que se supone que sea el reclamo de cara al público, que al menos uno espera que sean lo más de lo más, por eso de que los orientales son los maestros de las artes marciales, pues no, pues tampoco acaban de ser nada especial, la verdad, sino más bien normalitas. Y... bueno, hay mucho, muchísimo más, pero para qué seguir.

En fin. Alguien dirá que es que los occidentales no entendemos el cine oriental; pues va a ser eso, porque esta película no me parece sólo mala. Es probablemente lo peor que he visto en el cine en toda mi vida. Si el director le pone un par gags de humor, la puede vender como una parodia de Los Siete Samurais. Afortunadamente, en la última media hora, casi no paré de reirme en escenas de pretendido intenso dramatismo, y no había, de los quince que éramos en el cine, alguien que no estuviera riéndose de lo absolutamente increíble que era aquello que estábamos viendo, así que después de todo, no se puede decir que fuese tan mala.

Lo mejor: que parece de risa.

Lo peor: que no es de risa.

Definitivamente lo mejor será pensar que al director, sin quererlo, le salió una comedia.