Yo no soy un hongo ni una mosca

No sé cómo es ser mosca. Nunca lo he sabido, y ya sé que suena absurdo; menuda verdad de perogrullo (otra palabra que me gusta). Es algo tan obvio que incidir en ello es casi redundante. Pero si yo fuese mosca, y además de serlo pudiera pensar como una persona, supongo que lo que no haría sería dar por culo durante más de quince minutos posándome en los pies y las piernas de alguien. Y si lo hiciese, estaría ojo avizor, por lo que pudiera pasar. Por lo menos, para intentar no acabar mi existencia como mi última víctima, aplastada por una chancla de playa en el suelo de la habitación de un desconocido. Un ser vivo; vivito y coleando y dando por saco, hasta que le he dado caza, a pesar de que no podía pensar como una persona. Excusas, excusas. Una auténtica pena, sí señor.