¡Verano!

Ya está aquí el veranito. (...)

Estoy en éxtasis.

Casi. Y es que como universitario que soy pero no soy, pues hasta que lleguen mis vacaciones me toca seguir trabajando, y estudiando para sacar en septiembre todo lo que no he sido capaz de sacar ahora. Como a cualquier padre de vecino, supongo. Mal de muchos, consuelo de tontos. De todas formas, se agradece la luz, el calor, y las chicas con menos ropa. Y poder aparcar en condiciones.

Al respecto de lo que se comentaba últimamente acerca de los profesores (para que luego diga mi hermano "el exiliado" que no le hago caso), siempre he tenido la impresión de que en la Universidad se abusa de la gente, con eso de que son jóvenes y están sometidos al chantaje del aprobado. Hay muchas cosas que determinado profesorado no haría o diría en presencia de gente no coaccionada y de su edad, mucho menos dispuesta a que le tomen el pelo. Cumplirían sus horarios, ya que menudo no están en sus horas de tutorías, recuperarían las clases, que no suelen recuperar cuando se van de congreso, no fumarían en clase como alguno hace, ni aunque sea por "prescripción médica" (no es una broma), y más de uno se encontraría con las respuestas que a menudo se merecen. Y aunque es verdad que vamos a la Administración a los bancos o a comprar, nos tratan como idiotas y mal, y ni siquiera rellenamos una hoja de reclamaciones cuando deberíamos, creo que el trato a los universitarios roza en ocasiones lo despótico. Somos jóvenes, no gilipollas.

Por eso, encontrar un profesor como Salvador Feliu, que te trata como corresponde y además hace más de lo que debe, es reconfortante.

Ya.