Sarah Palin o el hombre del saco

Puedo afirmar que las elecciones de los americanos (o estadounidenses, si son ustedes de los lingüisticamente quisquillosos) no me quitan el sueño, ni por supuesto les dedico la misma atención que Edgar Rovira y Jorge Galindo en su blog; eso salta a la vista. A pesar de ello, uno está vagamente interesado en lo que pasa al otro lado del charco, dada su incidencia en lo que pasa a este lado; para qué negarlo, en ocasiones resulta hasta divertido e interesante. También hay que tener en cuenta que es francamente difícil, a no ser que uno no tenga ningún tipo de inquietud política (lo que suele ser algo bastante frecuente), permanecer ajeno a lo que unos (John McCain et al.) y otros (Barack Obama et al.) dicen. Como disculpa, si los políticos autóctonos ya resultan bastante cansinos de por sí, es difícil encontrar motivaciones para ir soportando a los de los demás; que cada palo que aguante su vela.

En cualquier caso, si hay algo que ha revitalizado la campaña, o al menos ha levantado cejas (sí, sólo cejas) a este lado del Atlántico, ha sido la presentación de Sarah Palin como vicepresidenta de John McCain, hombre que viene a ser la versión renovada de Bush, por decir algo. Lo cierto es que esta buena mujer, de corte conservador como no podría ser de otra manera, amante de las armas, radical religiosa y varias cosas más, que se define a si misma como un pit bull con pintalabios (definición que ha dado pie a más de una manipulación siempre malintencionada), muestra cada vez que habla su escasa experiencia política («gobernadora de Alaska durante menos de dos años y anteriormente fue presidenta de una comisión energética del Estado y alcaldesa de una localidad de menos de 7.000 habitantes» [ElPaís.com]) y me van a disculpar, su escasa salud y lucidez mental, aunque de políticos así está llena la historia de la Humanidad; ya veremos si el populismo le da bastante cancha para acabar la campaña.

Entre algunas de sus perlas, no sólo parece estar dispuesta a perforar, caiga quien caiga y a toda costa, la reserva natural de Alaska en busca de petróleo (Drill, baby, drill —perfora, nena, perfora— fue uno de los vítores de la Convención Republicana, y aunque parezca inaudito, sin tintes sexuales [elmundo.es]), sino que ha vuelto a vincular, como ya hizo George W. Bush en su día, los ataques del 11-S con Saddam Hussein; algo que se demostró falso por carente de pruebas. Pero sin duda, la joya de la corona, la más brillante, han sido sus recientes declaraciones en una entrevista acerca del conflicto en Georgia, y su sorprendente falta de tacto a la hora de anunciar (amenazar, advertir) la posibilidad de una tercera guerra mundial, o lo que les de la gana, si finalmente Georgia ingresa en la OTAN y es invadida por Rusia (otro que tal baila). Cágate lorito.

Por decirlo con palabras de Edgar, que incluye la entrevista en inglés, «personalmente me da bastante miedo que una persona así pueda llegar a ser la vicepresidenta del, aún, país más poderoso del mundo. Sólo faltaría que McCain palmara y que ésta cogiera el mando de la nave.»

Apañados vamos, o en versión Palin, que Dios nos coja confesados.