Reclamo mi parte del botín

Ella coge la quiniela, sin demasiada convicción, y tú empiezas a cantar, sin demasiada convicción; también. Tú cantas y ella tacha. Equis, dos, uno, equis, dos, uno, uno, equis... este aún no ha acabado, y... y aquel creo que era una equis. Llegas al final y con él, llega la recolección, y teniendo en cuenta que lo más que una vez acertaste era una de ocho, no es lógico esperar milagros. Y no es, desde luego, porque sea la primera vez que haces una quiniela. No, no es cuestión de número de intentos.

Así que empiezas a contar los círculos de la quiniela: uno, dos, tres, cuatro, cinco... y diez. Y tú casi ni te lo crees, pero estás contento. Con una de diez cobras poco, sí, pero cobras. Medio euro. Un euro. Dos euros a lo más, con mucha suerte, con muchísima. Algo es algo. Menos da una piedra, y todo eso. Poco dinero, pero es después de todo un triunfo moral, un triunfo de la lógica sobre el azar, un triunfo del hombre sobre el señor de los dados. Una de diez. Un triunfo de nosotros sobre Loterias y Apuestas del Estado. Ja.

Sí, claro. Y una mierda.

 

«Según la norma 6ª.6 de las que regulan los Concursos de Pronósticos, cuando a los acertantes de Quinta Categoría (10 aciertos) correspondiese una cantidad inferior a UN euro, estos no lo percibirán y el fondo destinado a esta categoría incrementará el de la Categoría Especial del Concurso que designe Loterías y Apuestas del Estado».

 

Desde luego, qué miserables.