Por una Teoría de la Descripción no descriptiva

Anoche acabé de leer (sí, me ha costado) El curioso incidente del perro a medianoche. Y por cierto que por eso, esta mañana me he levantado 20 minutos tarde. El libro, sin ser una obra maestra, es interesante y se lee con bastante celeridad, aunque el estilo es necesariamente (por ser el protagonista quien es) algo pesado en ocasiones. Aunque todo sea dicho, éste es también la causa de la rapidez con la que se lee.

Pág. 230. «Así que empecé a caminar, pero Siobhan dijo que no hacía falta describir todo lo que pasa, sólo tengo que describir las cosas que son interesantes». Este principio se aplica de manera inconsciente a cualquier cosa que describimos, sea un objeto, una persona o una acción (extendiendo el concepto de "descripción", he leído puede tomarse, de modo poco preciso, como la descripción de una acción). El número de detalles que podemos añadir sobre cualquier cosa es en realidad infinito, por lo que acostumbramos a centrarnos no en particularidades aleatorias ni en aspectos generales, sino en aquellas características que aportan información relevante para el receptor (léase información interesante para el receptor) sobre aquello de lo que hablamos. De hecho, a menudo las confusiones lingüísticas vienen causadas por una elección incorrecta de dichos elementos significativos (y no en pocas ocasiones por la discrepancia en cuáles son dichos elementos).

Cabe la pregunta, creo que menos obvia de lo que parece a simple vista, de qué —o quién— determina en cada caso aquellos aspectos interesantes. Las valoraciones propias reflejadas en el otro, el conocimiento implícito de sus intereses, los medios de comunicación, las convenciones sociales, la comunidad lingüística, el poder político y/o económico (que cada vez más acostumbra a ser el mismo)... Con lo que podemos concluir, súbitamente y de manera bastante obvia e irrelevante, que no existen en realidad características más o menos interesantes en sí mismas, sino que este interés es creado por nosotros mismos. Lo cual me conduce irreversiblemente a este relativismo valorativo del que intento salir, de momento sin éxito. O quizá no. Bastante estéril e impreciso, así, dicho con esta brevedad, superficialidad y dispersión.

Y esto es todo lo que tengo que decir por esta noche... ¿existirá una teoría de la descripción?