Póngame un doble de gilipollas

He aquí otro de mis eternos problemas que me crea el soy más bueno que el pan y mucho más idiota. Como soy un tipo generoso, hace unos meses, bastantes ya, dejé, más que por iniciativa propia que por otra cosa, varios libros de cierto interés para mi. Léase: Wilt, Hojas de hierba, Las flores del mal, El antropólogo inocente, y un libro de Inteligencia Artificial. Por aquel entonces a las dos personas a las que se los dejé las veía a menudo, pero con mi cada vez mayor alejamiento de la Facultad de Filosofía, esta frecuencia se ha reducido y apenas quedo con ellas. Una incluso se va al extranjero el año que viene. Así que partiendo de la premisa que no quiero perder los libros, estoy un poco perdido con qué postura adoptar.

La primera opción es la de quedar a tomar algo un día por la tarde, o un fin de semana, y ya de paso pedir los libros. Algo como Oye, te hago una perdida cuando llegue. Por cierto, bájate los libros que te presté.... Pero como soy medio gilipollas, gilipollas entero, o mejor, gilipollas entero y mitad, pues como que me da cosa. Ya lo sé, son mis libros, pero coño, qué queréis. Además, también tengo que buscar tiempo para quedar a tomar algo, y esa es otra, porque estoy un poco desconectado y sinceramente, tampoco encuentro el momento. Pero supongo que después de todo no cuesta tanto y una amistad y unos libros valen la pena.

La segunda opción es la misma, pero sin la primera sentencia. Es decir Oye, voy a pasar a recoger los libros que te presté, si te parece bien (eso es por cortesía). Echarle morro, y recogerlos. Y no sé porqué digo lo de echarle morro, porque como he dicho, son mios. Pero al hacerlo me siento un poco como Mira, como ya no nos vemos, no quedamos, y no sé cómo va a ir esta amistad, casi mejor me devuelves lo que te dejé, por si las moscas, ya sabes. Que es verdad, que en realidad es algo así, pero vaya, que no es tan fácil. Es que hasta me pongo a pensar en excusas: que si me los han pedido, que si mi hermano los necesita, que si... Mal, Mal.

La tercera y última opción, en modo soy tan gilipollas que ni yo mismo me lo creo es pasar de los libros y bueno, si los recupero bien, y si no, comprármelos de nuevo.

Y todo, al fin y al cabo, por no sentirme violento al pedir algo que es mio.

Por cierto, que ahora que lo pienso tengo que devolver dos libros...