Politicians 'r' us

Pues resulta que el señor Manuel Fraga Iribarne, Ministro de Información de Su Excelencia el Generalís... espera, creo que me he equivocado de papeles. A ver... un momento, que la están vistiendo... Ah, si, aquí están. Perdón. Quería decir, actual presidente en funciones de la Xunta, se está poniendo morado a repartir dinerillo público —es decir, el mio, el tuyo y el del vecino— en obras y contratos, presumiblemente —incluso bazofia como esta merece el beneficio de la duda— entre amiguetes antes de que lo retiren definitivamente (yo creo que este tipo se convierte en polvo cósmico en cuanto pierda el cargo). Eso no sería extraño —porque sería el pan de cada día— si este buitr... perdón, señor, no hubiera perdido las elecciones hace unas semanas. Y el colmo es que además, el responsable de uno de los ministerios más importantes del antiguo régimen dictatorial franquista, dice que no acepta lecciones éticas de la oposición, que son los únicos que pueden realizar algún tipo de denuncia pública en el foro político. Jódete lorito.

Y es que los políticos, con salvadas excepciones (hace tiempo detecté otra, aparte de Gallardón, al que mencionaba hace unos días: Manuel Marín, presidente del Congreso), son asín. Hasta el punto de que ya ni siquiera se les pide que sean mínimamente competentes en sus tareas diarias, sino sólo que al menos sean honrados. Responsables. Honestos. Con eso nos vale; fíjense ustedes hasta dónde hemos bajado el listón.

Porque si nos pusiesemos a indagar un poco el lugar de donde proceden, y el modo en el que llegan los políticos al poder, probablemente no nos gustaría lo que encontraríamos. Individuos sumidos en el mundo funcionarial, acostumbrados al vuelva usted mañana y eso no es de mi responsabilidad, y sin mayores inquietudes que llenarse el bolsillo con el dinero ajeno. ¿Como vamos a esperar competencia de estos señores? ¡Pero si ni siquiera acuden al Congreso, a su puesto de trabajo, los días que les toca! ¡Pero si hasta se equivocan de botón cuando hay que votar algo! (botón 'Sí' y botón 'No', no se crean ustedes que es como pilotar un F16). ¿Qué signo más obvio de su incapacidad podemos encontrar?

Y lo peor, es que estamos acostumbrados a que sean así. Y lo encontramos tan natural. Muy triste esto, si señor. Muy pero que muy triste.