Pánico

Si no recuerdo mal, L. me dijo hace algún tiempo que una de (¿las teorías sobre?) las causas de los ataques de pánico y/o ansiedad era el hecho de que la persona no supiese interpretar, o radicalizase de algún modo una sensación corporal anómala. Es decir, que al detectar el "algo raro me pasa", la persona sea incapaz de controlar su reacción y eso alimente a su vez la propia inseguridad sobre lo que percibe. Tampoco me hagan mucho caso, porque a lo mejor me lo estoy inventando todo y lo que me comentó L. no tiene nada que ver con esto. Bueno, eso no importa demasiado, así que sigamos.

Unos días después del desmayo que tuve en Andorra cenando hace un par de años, experimenté un par de situaciones críticas que encajan en parte con esa explicación. Básicamente, al sentir que las condiciones del anterior desmayo se repetían, comenzaba a sentirme extraño, y eso daba lugar a un círculo vicioso en el que el hecho de asustarme por sentirte "sensorialmente diferente" hacía que me sintiese aún peor, y así sucesivamente. Si no frenas eso, imagino que el final del trayecto es algún ataque de los que les comentaba.

No les cuento esto por nada, o bueno, por lo mismo que les cuento todo lo demás; verán. Como les dije hace un par de días, he empezado a correr con Samy; algo más tres cuartos de hora al trote, con pausas diversas. El problema es que durante esta noche pasada me he notado el brazo izquierdo entumecido, sin llegar a sentirlo dormido pero sí "extraño". Les aseguro que acojona un rato; no por nada me he despertado varias veces. Así ha continuado durante todo el día, y en ese estado lo sentía esta tarde. Aunque todo apunta a una contractura muscular, lo que he vuelto a comprobar esta mediodía es lo sencillo que es entrar en esa rueda que les decía. Empiezas prestándole atención a tu brazo, y al rato te estás preguntando si notarás un pinchazo (sí, lo notas) o el agua caliente. Un poco más tarde, te tocas la cabeza y empiezas a dudar de tus sensaciones, y cuanto más atención le prestas, más miedo te entra. Y créanme, si no lo detienes de golpe, seguro que acabas concluyendo que padeces alguna enfermedad mortal y te quedan dos horas de vida.

La conclusión de todo esto es que hay que ser *muy gilipollas* para, después de bastantes meses sin hacer absolutamente ningún tipo de ejercicio, echarse al monte a correr durante casi una hora. Ese soy yo.

(Tranki, mamá, que estoy bien, he ido al médico y parece que ya está mejor...)