Imprudencias

Recordarán el post que publiqué hace una semana sobre la subida a la Pericondrio Tragal que hice con Alex. Una vez acabamos, bajamos a miradores a comer un bocadillo, y nos encontramos con dos escaladores que sobre las 14h habían comenzado a subir la pericondrio. Cuando comenzamos a observarlos, el primero había llegado a R1 y el segundo estaba a pie de vía. Entre prepararse y subir, tardó aproximadamente 45 minutos en llegar a R1. Ese mismo comenzó el segundo largo, pero se equivocó y se metió en la Poleo, significativamente más complicada, lo que hizo que tuviera que bajar y empezar de nuevo. Tardó lo suyo en llegar a R2, y su compañero también. Calculo que habrían transcurrido casi dos horas y media desde que habían comenzado a subir hasta que llegaron a la reunión previa a la travesía, ya que las pausas en las reuniones eran eternas. Ahí llegó lo interesante.

El primero de ellos comenzó a subir el tercer largo, pero al llegar a la tercera chapa, donde comienza la travesía, se detuvo. Tras unos cuantos minutos mirando la pared, bajó. Entonces subió el segundo, y llegó hasta la tercera chapa. Estuvo allí colgado más de media hora, tras lo cual les pegué un grito desde la otra pared para corroborar que estaban bien. Llevaban casi tres cuartos de hora allí y queríamos asegurarnos de que no había ningún problema. Contestaron que OK, y poco después el segundo proseguía la via... hacia arriba. Tras otro par de chapas, se detuvo, y algunos minutos después les indicábamos a gritos qué grado tenía la vía hacia arriba (6b+), cuál era el de la travesía de la pericondrio (6a+) y por donde seguía.

Tras otro cuarto de hora, ya cerca de las seis de la tarde, el que había estado examinando la pared se descolgaba de un maillon y comenzaban a descender la vía en rápel. En ese momento Alex y yo dejamos de disfrutar del espectáculo y recogimos bártulos.

De esta interesante experiencia se desprenden varias lecciones. Primero, que no es recomendable meterse en una vía de varios largos sin conocerla; en su caso, todo apuntaba a que desconocían cómo comenzar la travesía, los grados que tenían las vías de alrededor o las posibles reuniones adyacentes de las que descolgarse en caso de necesidad. No es que la pericondrio sea especialmente compleja, pero a 70 metros del suelo, mejor saber qué hay a tu alrededor. Además, la pericondrio tiene la particularidad de que al no ser totalmente vertical, abandonar a mitad del tercer largo puede ser un proceso largo y complejo.

Al no conocerla, seguramente no sabían que el sol empieza a dar en la pericondrio aproximadamente a las 14h, y eso a finales de julio (a pesar del viento que corre) no es nada recomendable (o sí lo sabían y les apetecía pasar calor). Por último, si no conoces una vía no puedes hacerte una estimación temporal de lo que la vía te puede llevar, que puede ser demasiado si el grado está cerca de tu nivel o tienes algún imprevisto. En su caso, calculo que fueron unas cuatro horas desde que salieron de pie de vía hasta que comenzaron a descender. Aunque los días alargan, de haberse metido en la travesía quién sabe a la hora que habrían llegado arriba. Por fortuna, aunque a las cinco y media algunas nubes amenazaban lluvia, no cayó ni una gota; de lo contrario, quizá los bomberos tendrían que haberles sacado de allí.

Claro que todo esto son especulaciones, ya que no hablé con ellos. Pero tras verlos allí arriba durante un buen rato sin saber hacia dónde tirar, estoy casi seguro de que no sabían dónde se habían metido.