Icarus is flying

mono

Aquí estoy de nuevo hablándole al vacío. Ya sabes que no he estado muy comunicativo estas últimas semanas. No he estado muy nada, en realidad. Bastante poco de todo, a decir verdad. Bueno, quizá no de todo, pero es complicado de explicar. Quizá otro día. Hay días que no sé si mi cabeza está repleta de pensamientos sin ordenar o de un vacío ordenado. Hoy es uno de esos. Permanece todo tan confuso como los últimos días e incluso semanas. Por suerte, siempre quedan algunos pilares firmes a los que abrazarme mientras pasa la tormenta. Aunque a veces me siento como si durmiese en una de esas casas que en los programas de televisión americanos trasladan de una ciudad a otra por la noche, y al día siguiente me despertase en un lugar extraño y remoto. Soy el mismo pero al mismo tiempo dejo de serlo.

Estoy divagando sin rumbo.

Hace semanas que no escribo nada. Al menos, no algo de más de 300 palabras y desde luego, nada de ficción. La novela superó las 75.000 palabras y parece que se ha plantado, aunque no estoy dispuesto a dejarla ir ahora, aunque tenga que atravesarla con una lanza y encadenarme al enorme escritorio del estudio. Creo que no me equivoco si digo que lo último que escribí es el relato del Tío Raimundo para un curso de escritura creativa al que falté más de la mitad de las veces, alguna vez por impedimentos personales y en su mayoría profesionales. La vida no es fácil, dice Óscar. Supongo que no, pero nosotros tampoco ayudamos demasiado.

En ocasiones desearía ser una de esas personas que han sido bendecidas con el privilegio de la constancia por las cosas, ese estado mental que en mi caso se traduce en una obsesión pasajera que por lo general no me dura más de unas semanas o meses. Hay un refranero sobre eso. Supongo que siento cierta envidia al ver lo que esa constancia puede conseguir en algunos casos. Claro que en otras no. Imagino dónde hubiese podido llegar en esto o aquello si hubiese empezado hace años; quizá muy alto, quizá a ningún sitio. Pero la verdad es que luego lo pienso de nuevo y qué aburrimiento, joder.

En fin. Continuamos para bingo.