¿Ha pasado ya el autobús?

Esta mañana hemos firmado finalmente el contrato de alquiler del nuevo piso. De acuerdo al plan trazado, hemos salido de casa diez minutos más tarde de lo previsto y yo me he puesto, para no defraudar, innecesariamente nervioso y preocupado por el retraso acumulado. No me gusta hacer esperar a nadie y no me gusta que me hagan esperar, pero intuyo que a menudo llevo ambas cosas demasiado lejos, lo que me genera una dosis extra de ansiedad que no necesito, aunque eso es material para otro momento. También intuyo que Laura no tiene tantos problemas como yo con esperar o hacer esperar y le envidio por eso. 

El caso es que tras bajar por la calle Fuencarral, cruzar la Gran Vía, continuar por la calle Montera y atravesar la Puerta del Sol, llegamos a la parada del autobús número cincuenta, ubicada al comienzo de la calle Carretas. Esta vacía. Es decir, no hay nadie. Laura se sienta y yo me quedo de pie, incapaz de permanecer quieto y valorando seriamente coger un taxi. El tiempo corre. Llegan dos mujeres, creo; no estoy seguro del orden, aunque importa poco si llegan antes o después de nuestra protagonista. Un par de minutos después aparece quien debería ser el núcleo y motivo de este texto, ella, pero que a estas alturas es ya poco más que un satélite. Tratemos de ver si podemos traerla de vuelta al centro.

Lo cuento como lo recuerdo y mi memoria no es, por desgracia, nada de lo que pueda vanagloriarme; tengan en cuenta  que esto transcurre en apenas quince o veinte segundos, a lo sumo. Aparece una chica que se acerca a mí, que permanezco de pie imaginando la insoportable espera que van a tener que aguantar nuestros pacientes y futuros arrendadores, y me pregunta, con gran seriedad y cortesía: ¿ha pasado ya el autobús? Puede ser que la pregunta fuese ligeramente distinta, pero no tengo dudas de que iba en esa línea. Miro a la chica y ella me mira a mí; estoy paralizado, no sé qué contestar. Giro la cabeza hacia Laura desconcertado; mis reflejos están a la par con mi memoria, pero en este caso no se trata de eso; es como si algo se hubiese cortocircuitado en mi cabeza. Esa pregunta, en apariencia tan sencilla, es para mí del todo incomprensible, imposible de responder, no hay una contestación breve correcta. No vale un "sí" y tampoco un "no". Creo que le digo algo, probablemente una pregunta idiota. Juro que si me hubiese hecho la pregunta en Sumerio, que es según la Wikipedia es la lengua de la antigua Sumeria que se habló en el sur de Mesopotamia hace varios milenios, mi reacción habría sido la misma. Frente a ella, balbuceo, pero Laura se adelanta, sale al rescate y me salva del ridículo: no, no ha pasado todavía. Esa respuesta parece ser satisfactoria, dado que nos da las gracias, se aparta a un lado de la marquesina y finaliza cualquier contacto visual y verbal.

Sin embargo, en ese momento yo sigo en trance. ¿Qué significa exactamente "ha pasado ya el autobús"? ¿Bajo qué circunstancias podría contestarse con precisión esa pregunta? Quiero decir, si estamos en la parada y nada parece indicar que estemos allí viendo transcurrir el tiempo, significará que el autobús no ha pasado todavía, ¿no? Por otro lado, sí, por supuesto que ha pasado ya. Probablemente unos cuantos desde que comenzó el servicio esta mañana. ¿Cuál es la respuesta adecuada? ¿"Sí, ha pasado ya" o "No, no ha pasado todavía"? ¿Por qué autobús preguntas? ¿Por el anterior o por el siguiente?

Puede suponerse con suficiente certeza que lo que esta chica quería conocer era la información que pudiésemos tener sobre el tiempo que el autobús de la línea 50 tardaría en pasar, y para saberlo tenía que conocer cuánto llevábamos esperando en la parada. Como Laura sugeriría poco después, ya sentados en los asientos del bus, lo más probable es que su intención fuese preguntar algo similar a lo siguiente: ¿Cuando habéis llegado a la parada, habéis podido ver si el autobús acababa de pasar? Pero la cuestión es que la pregunta no ha sido esa y la extrema seriedad con la que la ha hecho y la ausencia de mayores aclaraciones, como si hubiese expresado su duda con la mayor exactitud posible, han contribuido a crear en mí tal estado de confusión.

Aquí acaba la historia. Afortunadamente, en línea con la previsión de Laura, al final no hemos llegado tan tarde, hemos firmado y tenemos nuevo piso en alquiler para el mes de noviembre y siguientes. Aunque, he de admitirlo, todavía no me he deshecho del estado de perplejidad.