Gato

Esta noche cuando he llegado al coche, cerca de las once, había un gato pequeño acostado en la acera, al lado de la puerta del conductor. No me jodáis. No, no era un gato negro, ni un gran gato, ni un puto gato persa. Ni era Don Gato ni Garfield ni el pato Lucas, que ni siquiera es un gato. Tan sólo era un gato común, un gato normal y corriente, un gato vulgar. Vamos, una mierda de gato. Y yo pensaba, mientras me iba acercando, que en cualquier momento se levantaría y echaría a correr.

Pero no.

Se ha quedado en el suelo, impávido, impertérrito, como si el tema no fuese con él y mirándome con ojos de yo, gilipollas, ya sé todo lo que hay que saber, por eso estoy aquí tumbado a la bartola tan tranquilo. Además, soy más rápido que tú, así que ni lo intentes. Y seré una mierda de gato, pero esto es todo lo que hago a lo largo del día.

Y coño, sabiendo que estaba pensando eso, me han entrado unas ganas terribles de pegarle una patada y encalarlo en el cuarto, pero advertido de que era más rápido que yo, pues he pensado que para qué.