Fin de semana capital

Aprovechando que está por estos lares el jefe de estado del Vaticano (cuando digo esto me siento como la Raola hablando del ciudadano Juan Carlos Borbón), creo que este fin de semana me voy a dedicar a practicar de manera especialmente intensa y consciente la gula, la lujuria y la pereza. De orgullo voy habitualmente suficientemente bien servido —esta época es quizá una excepción—, aunque menos de lo que puede parecer en este blog, y respecto a la ira, en cuanto empiece a ver las calles cortadas por la visita de este sujeto y los sitios a los que no puedo ir, sumado todo eso a lo poco y mal que duermo y me alimento, seguro que no tendré ningún problema. Me queda la envidia y la avaricia. El primero no me costará mucho si me lo propongo, en cuanto vea la pasta, los coches y los lujos que mueve toda esta gente. El problema va a ser el segundo, así que he pensado que eso de la avaricia voy a dejárselo de momento a ellos (la Iglesia), que me lleva milenios de ventaja y sin duda saben practicarlo mucho mejor que yo.

Y los otros seguro que también, claro, pero al menos en esos puedo intentarlo.