Estrechez de miras

Hoy leía en el periódico, no sin una pequeña dosis de asombro (y pequeña porque esperaba que algo así sucediese y a estas alturas hay poco de qué sorprenderse), que al parecer una de las imposiciones del partido de Carod, que recordemos, no fue ni la primera ni la segunda fuerza más votada en las pasadas elecciones catalanas, fue que se recurriese el trasvase del Plan Hidrológico Natural por la vía judicial, elevando —esto lo aventuro yo, porque no recuerdo hasta donde llegaba, o me interesaba, el resto del texto periodístico— la cuestión al nivel que sea necesario.

La cuestión aquí no se presenta únicamente en el absurdo de que un partido con los votos de ERC pueda coger por los huevos (casi literalmente), o de modo menos tosco, maniatar, a dos partidos con mucha mayor cantidad de votos, porque a esto ya nos tienen acostumbrados, a nivel nacional, los pactos de los partidos "generalistas" con CIU y el PNV. Considero que es una prostitución de la idea de democracia, pero en fin, así están las cosas.

Pero bien, como decía no iban por ahí los tiros, ni tampoco en la cuestión de si estar a favor o en contra del PHN, sobre lo que no me posiciono —al menos, no aquí—. De hecho, si ERC debe defender los intereses de Cataluña, entiendo que es ciertamente lógico que lleven a cabo ese recurso, al menos visto desde un punto de vista electoralista y político.

Y es aquí donde se plantea el problema, la cuestión, porque no es ERC la única fuerza política que va a apoyar ese recurso. En otras palabras, ¿a qué exactamente está jugando el PSOE? Sin querer alabar demasiado a la derecha, hay que reconocer que el Partido Popular ha conseguido una unidad a nivel nacional y del partido que ya quisiera el PSOE para sí. Obviamente, se puede discutir sobre las bondades éticas de seguir la posición del partido a pies juntillas, sobre la libertad y opinión de los políticos a la hora de gobernar sus respectivas regiones, etc etc etc.

Y etc etc y etc, porque cuando lo que se trata es de aspirar a gobernar este país, se ha de prescindir de tales debates -que no tienen, de todas formas, nada que ver con lo que sucede en el seno del partido socialista- y plantear una estrategia a nivel nacional. Lo que no es de recibo, al menos no tal y como está la política en este país, o al menos, si es que tienen intención de llegar al gobierno alguna vez, es que cada uno campe a sus anchas como si de partidos regionalistas se tratase. Yo digo esto, y tú dices aquello. Yo digo que no al trasvase, porque me viene bien o porque estoy por razones justificadas —políticas, generalmente, que no son lo mismo que justificadas— en contra, y tú dices que sí por lo mismo. ¿Que somos del mismo partido? ¿Y a quién le importa eso?

La estrategia del PSOE en Cataluña le ha dejado, como ya se decía por ahí, una importante hipoteca que Zapatero va tener a pagar en las generales del año que viene, y sobre todo, ha dejado en evidencia que en el PSOE cada uno campa a sus anchas y que no está, ni de lejos, preparado para gobernar este país. Y eso que yo soy de izquierdas.

Ya sólo nos falta que vuelva Felipe González para que traiga consigo los fantasmas del pelotazo de la era socialista, el GAL, el caso Filesa, etcétera etcétera etcétera. Entonces ya, ni el en 2050.