Este blog

Aprovechando que cambiamos de casa, aunque no se note demasiado, y que hay gente que aún no tiene acceso a esta página, voy a ponerme un poco moñas. Dicen que el que habla de su blog es porque no tiene nada de que hablar, y aunque no es mi caso, es verdad que de eso mismo voy a hablar.

Pues bien, yo no escribo para mí. Eso a estas alturas de la película me parece bastante obvio, aunque sólo sea por las veces que lo he repetido. Y aunque entiendo que haya personas que lo utilizan de este modo, yo sería incapaz de hacerlo. Para eso me compro un diario, aunque después de todo, ¿para qué quiero escribir lo que ya pienso? Y por otro lado, mi vida no es tan interesante, al menos de momento, como para sentarme regularmente a plasmarla en un diario; me aburriría muy pronto de ella y acabaría reconociendo la miseria de mi propia existencia. Y todavía no me toca llegar a ese punto.

Aunque quizá la frase con la que comenzaba el párrafo anterior no sea tan obvia como parece. Es cierto que no puedo negar que lo que escribo, lo hago para que la gente lo lea. Pero últimamente, también como ejercicio personal. Desde hace algún tiempo, dedico una cantidad considerable de tiempo a escribir; quizá una media diaria de un par de horas, como mínimo, y las últimas semanas puede estar llegando a cuatro horas diarias, de modo que escribir (en el blog) ha tomado prioridad sobre algunas otras cosas. Eso se materializa en habitualmente uno o dos comentarios diarios. A mi eso me parece normal, pero alguien probablemente piense que estoy obsesionado con esta página, y de ahí que haya puesto el paréntesis anterior. Oír que alguien pasa cuatro horas escribiendo, puede resultar normal. Es una afición y puede verse como una inversión de tiempo y esfuerzo, es al fin y al cabo dedicarle tiempo a algo que te gusta. Pero decir que alguien pasa cuatro horas escribiendo... en una página de Internet, suena mal; suena a obsesión, suena a friki, suena a colgado. Bueno. Si se quiere ver así, pues bien, véase así. El caso es que las palabras valen tanto en papel como en la pantalla.

Al principio de comenzar a escribir aquí, me costaba bastante inventar una historia de ficción, crear un principio y sobre todo un final. Ahora las historias salen prácticamente solas, y se acaban solas. Y yo mismo me obligo a escribir sobre absolutamente cualquier cosa, partiendo de absolutamente cualquier cosa, de ahí que últimamente predominen las historias de ficción sobre las que normalmente la gente tiene menos interés y cosas que decir (aunque a menudo, un 'me gusta' o 'no me gusta' sería de agradecer). Últimamente la ficción me resulta más divertida de escribir, sobre todo cuando cambio de estilo. Por ejemplo, del minirelato "Paranoia" de hace unos días, que es uno de los que más me han gustado, de los más "maduros" que tengo, y que probablemente pocos se leyeron, al diálogo "Sandwich de pollo" de ayer.

Y esto es todo lo que tengo que decir sobre esto. De momento, y aunque sepa que no soy el puto Hemingway.