Elecciones anticipadas

Como ya se adelantaba hace algunos días, el pacto entre PSC y ERC iba a tener efectos de cierta consideración tanto en el partido socialista como en las próximas generales. Para ver los efectos sobre estas últimas, habrá que esperar algunos meses, a pesar de que son predecibles, pero las consecuencias sobre el propio partido no han tardado en empezar, y lo han hecho con la dimisión de Cristina Alberdi.

Y es que es lógico. El PSOE se ha puesto a la altura de ERC, es decir, muy alto si de gobernar y obtener concesiones para Cataluña se trata, pero muy bajo si de gobernar España y mantener una unidad se trata, y hay gente en el PSOE -aquellos con un mínimo de coherencia política- que no entiende ni comparte este tipo de estrategias. Por mucho que el PSC sea el "Partido Socialista de Cataluña", por mucho que se deba a sus electores catalanes, nadie debe olvidar, y menos que nadie el propio partido, qué es el PSC y de qué forma parte, y en última instancia, a qué aspira ese todo del que forma parte.

Porque, (1) por muchas ampollas que levante la palabra 'unidad', que parecen ser muchas a raíz de las críticas que se me han hecho (en las que incluso, y para sorpresa mía, se me ha tachado poco menos que de franquista), y (2) por muy deleznable que sea el pensamiento único, que no es, ni mucho menos, lo que la mayoría de la gente piensa que es, sino, como lo pone Ramonet: "la traducción a términos ideológicos de pretensión universal de los intereses de un conjunto de fuerzas económicas, en especial las del capital internacional" (Ramonet, I., "Pensamiento único y nuevos amos del mundo" en Cómo nos venden la moto Icaria, 1995), y que no aplica a la disciplina de un partido político, un partido político generalista como es el PSOE ha de, *debe* mantener una política común o similar en la mayoría de las regiones en la mayoría de las cuestiones importantes, y esto es algo que nadie en el PSOE parece comprender, porque este partido político se parece más a una pelea de gallos (léase barones) que a eso mismo, un partido político luchando por un objetivo común.

Hay varias formas de ver esto. Es probable que el PSOE vea esto como un pulso al partido en el poder, el PP; quizá piensen que es otra manera más de hacer oposición, mediante el enfrentamiento directo con los populares, y esta vez con el respaldo electoral del que carecían desde hacía años (tampoco es que el resultado de las elecciones catalanas haya sido para echar cohetes: gobiernan gracias a —y bajo el mandato de— ERC); es simplemente una forma de crearles más problemas a los populares. Pero si eso es parte de su estrategia (y pondría la mano en el fuego), van a tardar poco en darse cuenta de que el pulso no se lo están haciendo sino al resto de la ciudadanía española, aquella de la que también han de esperar sus votos dentro de unos meses.

Pero también es posible verlo de otra forma. No creo que haya mucha gente en el PSOE que confie —ni ahora, ni antes de las elecciones catalanas— en una victoria en las generales, y asegurarse el gobierno autonómico catalán (decir esto es mucho cuando se ha de vivir bajo el omnipresente veto de Carod, algo que muchos parecen olvidar) era una tentación demasiado grande para rechazarla. En otras palabras, había que escoger entre Cataluña o nada, y vistas las perspectivas, cualquier cosa es mejor que nada, ¿no?

La cuestión ahora reside, y para eso habrá que esperar algo más, en el precio que Zapatero va a pagar por esta elección de prioridades, porque podría acabar con su cabeza al frente de un partido que ni lidera ni controla. Esperemos que, si esto pasa, se lleve, aprovechando la coyuntura, algún otro peso pesado y aligere un poco al PSOE, para ver si, de una vez por todas levanta el vuelo y tenemos una alternativa de izquierdas decente.