Dos recomendaciones cinematográficas y una no recomendación

Hoy no les traigo tres recomendaciones como hice la última vez. Les traigo dos recomendaciones y una no recomendación, con las que probablemente alguno no estará de acuerdo. Es posible que alguien vuelva a decir que recomiende algo que «no haya visto todo dios», pero sin ánimo de ofender, ni este blog ni su autor son inmunes a la estupidez ajena, dejando aparte el hecho de que Michael Haneke no es desde luego lo que se dice un director de masas. Aclarado este pequeño punto, empecemos.

Michael Haneke, de quien ya les recomendé Funny Games, es un director al que le gusta jugar con el espectador. Confundir realidad y ficción, incomodar al espectador y manipularlo a su antojo, o hacer preguntas sin respuesta son algunas de sus formas de hacer cine. Y a mi me parece muy bien, y muy respetable, si no se pasa uno de listo. Porque con Caché, a pesar del premio a la mejor película y director en Cannes, le da a uno la sensación de ser un poco tonto, o no ser lo bastante gafapasta para entender dónde está la gracia, o dónde está el suspense en una película pretendidamente de suspense.

La película en cuestión gira en torno a un matrimonio francés que comienza a recibir cintas de vídeo en las que aparecen ellos entrando y saliendo de su casa, como si alguien estuviese vigilándolos. Sin desvelarles nada más del argumento y de lo que viene a continuación, una vez leídas varias críticas, lo que el director pretende con la película es destapar algunos de los episodios más sangrientos de la historia reciente de Francia, y la forma en que la sociedad francesa ha pasado sobre ellos evitando la reflexión y la culpa. Y aunque puede que, una vez asimilado ese contexto y ese mensaje, la película no sea tan falta de contenido como lo es mientras la ves, en mi opinión el señor Haneke se pasa uno, dos y tres pueblos. Planos fijos mantenidos durante mucho, demasiado tiempo, conversaciones y situaciones que parecen prescindibles y que en ocasiones resultan irreales, una lentitud en la narración que en ningún momento traslada al espectador el más mínimo atisbo de suspense o intriga —ni desgraciadamente ayuda a que éste se identifique con los personajes—, o la ausencia de un final (ni claro, ni insinuado), hacen que viendo esta obra maestra en opinión de algunos, te sientas como el niño del cuento El traje nuevo del Emperador. O como ya he dicho, te sientas no lo suficientemente gafapasta. Me alegro mucho de que a Haneke no le preocupe generar frustración, irritación o aburrimiento con sus películas, tal y como dice la Wikipedia, porque de lo contrario, este señor iba a tener mucho de lo que preocuparse.

Afortunadamente, a alguno le gustó tanto como a mí.

Dejando ya a Haneke y sus —perdonen la expresión— pajas mentales, y cuya película no recomiendo más que para que cada uno se forme su propia opinión, pasamos a las recomendaciones, con las que intentaré ser más breve, algo que no deja de ser paradójico y quizá incluso alguien podría considerar como un triunfo de Caché. Primero, Requiem por un sueño. Bien, esto es otra cosa, sí, desde luego. La película gira en torno a las historias de un chico adicto a la heroína (cuya novia es la guapísima Jennifer Connelly) y de su madre, adicta a las anfetaminas y obsesionada con adelgazar para asistir como concursante a un programa la televisión. Aunque la película, con un montaje innovador y una banda sonora que le ajusta como un guante, es difícil de digerir e incluso resulta desagradable por momentos debido a la crudeza de las situaciones, les recomiendo que si pueden, no se la pierdan. Vale la pena aunque luego —les advierto— a alguno les cueste dormir.

Por último, les dejo con una película que al parecer no tuvo demasiada repercusión en este país, a pesar de contar con Penélope Cruz como uno de los personajes. Alta Sociedad (Chromophobia), dirigida por Martha Fiennes (sí, hermana de Ralph y Joseph), se centra en las relaciones entre una familia londinense adinerada (a cuya esposa la interpreta, de nuevo, otra guapísima mujer, Kristin Scott Thomas), una prostituta y un periodista, y no les diré más. Personalmente, para que se hagan una idea de por dónde van los tiros, el argumento de la historia en sí me recuerda a La hoguera de las vanidades de Tom Wolfe (con película de Brian de Palma), y la estética, quizá por la abundancia de color blanco y la música de Beethoven presente en toda la cinta, a La naranja mecánica, aunque no me hagan demasiado caso en esto. Aunque encontrarán que el comienzo es algo extraño, y quizá tarde algo en arrancar, una vez en marcha y superada la primera impresión, la película acelera y se desarrolla perfectamente con unos personajes que están en todo momento a la altura. En definitiva, una película bastante o incluso muy recomendable.

Y eso es todo. Mañana más, a lo mejor.