De documentos nacionales

Llega un momento en la vida de toda persona en el que tiene que afrontar ese suceso que pensó creía que nunca llegaría. Porque parece que ese DNI recién estrenado jamás caducará; cinco años es toda una vida. Pero el tiempo es implacable, y cuando te das cuenta, lo llevas cinco meses pasado y ya casi huele; a todos nos llega la hora, como en muchas otras cosas en la vida, tarde o temprano. Y pensándolo bien, después de todo, me alegro de seguir aquí para renovarlo. No me voy a enterrar antes de tiempo, que tengo cuestiones pendientes.

Así que, hablando de DNIs, he aquí mi antes y mi después:

Vale, no soy la persona más fotogénica del mundo, y lo sé, debería matar a mi asesor de imagen, si lo tuviera, pero después de todo, esa es la cara que tengo.

Y perdónenme el exhibicionismo, pero ya nos conocemos.