Cosillas de políticos

Desde que no veo el Telediario de ninguna cadena, no leo los periódicos, y sólo oigo programas de humor en la radio, no me entero de nada. Hay que ver.

No me entero, por ejemplo, de que al señor Rajoy, que cada día parece más un teleñeco y menos una persona de carne y hueso -y eso es una valoración personal, por supuesto-, no le vale con que para ser Presidente del Gobierno tenga uno que salir elegido en las elecciones generales, sino que *además* de ser español y mayor de dieciocho años, cree que deberían introducirse nuevos requisitos. Me pregunto si éstos incluyen llevar barba y llamarse Mariano y tener como apellidos Rajoy Brey. Y militar en el PP, no vaya a ser que jodamos y tengamos en España dos sujetos como este.

Tampoco me entero de que por lo visto, a Pedro Sanz, presidente de la Rioja le parece poco importante que en la Conferencia de Presidentes, que se hizo a puerta cerrada, alguien -es decir, él mismo- filtrase a la prensa la metida de pata de ZP al decir aquello del "accidente de Barajas", ni que alguien -seguramente, de nuevo, él mismo- con un teléfono móvil grabase la citada conferencia. Y sorpresa sorpresa, Esperanza Aguirre está de acuerdo con él en que el tema carece de relevancia. ¿Qué raro, eh? Y es que entre nuestros políticos hay más de un imbécil suelto, siendo fino. Aunque claro, eso ya lo sabía yo sin tener que ver los telediarios.

Tampoco me entero de que pedrojota, en el editorial de su periódico El Mundo [imagen aquí], ha dicho que «El comunicado del PSOE parece la puesta en práctica del 'cordón sanitario' propugnado por el actor Federico Luppi hace unos días. Algo políticamente equivalente -y no exageramos un ápice- a lo que practicaban los nazis cuando enclaustraban a los judíos en sus guetos», y sobran las palabras. Pues menos mal que no exageran, que si no...

Y por último, tampoco me entero de que el mismo individuo de arriba, el tal Rajoy, adalid del PP, ese partido que durante sus legislaturas abogó por el diálogo, el consenso y la búsqueda de soluciones en común, ha afirmado que «es la primera vez en la historia de la democracia en la cual las posiciones de un partido y sus propuestas no se pueden debatir en un Parlamento. Esto ni Stalin. Lo que está pasando es muy grave». Gravísimo, añadiría yo. Hay que ver qué corta es la memoria de algunas personas. O qué selectiva, porque de Stalin se acuerda, y Franco el caso es que como ejemplo quedaba más cerca. Que tampoco tengo yo muy claro que lo de Stalin pudiera llamarse democracia, pero para qué, pelillos a la mar que total, como el otro, ¿qué importancia tiene? Detalles, detalles.

Y esto, señores y señoras, creo que es todo por el resto del fin de semana. Incluído, quizá, el lunes, que es San Vicente y aquí en la capital del Turia (qué bonito) no se trabaja. Pásenlo bien y olvídense de las noticias, que como ven, no hay tampoco gran cosa que ver.