Cómo llegar a Cabestro

Las personas que desean o necesitan recorrer los casi ciento diez kilómetros en línea recta que separan Donjuan de la ciudad de Cabestro pueden hacerlo de varias maneras, entre las que destacan dos. Hay más alternativas, porque siempre las hay, pero incluyen desvíos, peajes, transbordos y carecen de las ventajas de las dos que se describen a continuación.

La primera es por carretera. Esta es la recomendable para un viaje de placer o turístico, ya que permite detenerse en los cuatro miradores del trayecto, el primero de ellos a unos ochenta kilómetros de Cabestro. Otra ventaja es que se atraviesan una docena de pueblos, algunos abandonados pero en los que todavía se conservan algunos restos del Medievo: los que todavía no han sido expoliados. Cabe preguntarse, no obstante y con cierta razón, qué ha motivado a los delincuentes a no continuar con el saqueo en lugares carentes de toda protección; quizá lo que hayan dejado carezca del suficiente valor histórico, aunque esos detalles no son de interés para el turista ocasional, ávido por fotografiarse junto a cualquier bloque de piedra manipulada por seres humanos que haya formado parte del pasado, como si eso le concediese por sí mismo un valor, más allá de cualquier consideración estética o histórica. La tercera y última razón es disfrutar de la conducción por una carretera que en los últimos sesenta kilómetros serpentea entre pinos que apenas consienten que la luz del sol alcance la calzada, y hacen al viajero sentirse como en un viaje por algún paraje remoto. Antes de lanzarse a ella sin más, el conductor debe tener en cuenta que el bucólico recorrido hace al menos un par de décadas que no se pavimenta (aunque se parchea con regularidad con pegotes de alquitrán que se desprenden pasados unos meses), que en ciertos tramos la carretera es poco más ancha que un vehículo y que en algunos de éstos se puede encontrar expuesto a una caída de más de noventa metros sin ningún tipo de protección.

La segunda manera de ir desde Donjuan a Cabestro y viceversa, desde hace cuarenta años, es por vía ferroviaria. La frecuencia es más que mejorable si se tiene en cuenta el número de habitantes de ambas ciudades, con únicamente tres viajes los días laborables y dos los festivos, pero es una forma rápida y económica de llegar de uno al otro extremo; probablemente el precio vaya ligado a la escasez de horarios para el viajero. Este medio es el mejor si se trata de un viaje de negocios, en el que todo queda relegado al tiempo, que como todo el mundo sabe es oro. El olor a pinos, hayas, a la humedad y al musgo que invade el suelo y los troncos de los árboles; la observación fugaz de animales salvajes y el entusiasmo que estas apariciones esporádicas y repentinas producen en los seres cuyo hábitat natural es el cemento; el silencio solo interrumpido por los pájaros y el viento filtrándose entre las hojas; el disfrute de la Naturaleza y el placer de observar toda la belleza que hay en el mundo como un fin en sí mismo. Todo eso queda relegado a un segundo plano en los viajes de negocios; al plano de lo irrelevante, prescindible, de lo estéril, porque el tiempo es oro, el oro es dinero y si hay algo relacionado con el dinero, como todo el mundo sabe, eso son los negocios.

(Donjuan es la ciudad donde se desarrolla la novela)