Breve, ocho

Decía hace unos días la presidenta del Congreso Ana Pastor que va a eliminar las palabras «fascista» y «golpista» del diario de sesiones del Congreso porque esos diarios se leerán dentro de cien años, y visto lo visto, esos diarios no iban a decir nada bueno de nuestros políticos.

Lo cierto es que, más bien al contrario, a mí no se me ocurre una razón mejor para no tocar ni una coma de esos diarios que el hecho de que alguien los pueda leer dentro de cien años.

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Cómo me llama la atención la cantidad de informaciones en prensa y televisión que están saliendo sobre las pseudoterapias en los últimos meses, que tienen en general la misma fiabilidad que esas mismas pseudoterapias que critican (las que, sin entrar en detalles innecesarios, no apoyo, en cualquier caso).

Hace unos días aparecía en elpais.com uno de esos artículos: «Dos millones de españoles han sustituido un tratamiento médico por pseudoterapias».

Bien, dos millones de españoles. ¿Cuántos de esos dos millones tenían una dolencia grave y habían abandonado terapias convencionales poniendo en riesgo su vida? ¿Cuántos habían probado N+1 terapias convencionales sin ningún éxito ni mejora significativa? ¿Por qué se trata de vender las terapias convencionales (y en general, la medicina) como técnicas infalibles?

Con tanto bombardeo, me resisto a creer que no haya más intereses detrás de este bombardeo que los puramente altruistas de preocupación social y salud pública. O, visto de otra forma, ¿por qué no se habla de cuánta gente muere por no ser atendida a tiempo por el sistema nacional de salud?