Botellita y Zaplanito se van de camping

Más política, que hace mucho que no hablo de esto. Como la Botellita, mujer de Aznar, no es, ya de por sí, suficientemente cargante, y si no fuese suficiente con las declaraciones de la semana pasada, ahora va y sale el Zaplanito, que con un nombre así, en diminutivo, podría ser la mascota de unas Olimpiadas, diciendo que «si uno llama asesino al presidente de Estados Unidos y gilipollas al presidente del Reino Unido, decirle vótame, no deja de ser complicado».

Pues oiga, qué quiere que le diga, tiene usted toda la razón. Si va uno tildando de gilipollas y asesino a alguien, pues no es razonable esperar su apoyo en ningún menester (me encanta esa palabra: menester); aunque eso no deja de ser una obviedad. La verdad, no se si Blair será un gilipollas —siendo un político, lo de gilipollas va en el cargo, aunque démosle el beneficio de la duda—, pero de lo que estoy seguro es de que Bush es un asesino, así que razón tampoco le falta a nuestro amigo Zapaterín. Y si la política exterior consiste en bajarse los pantalones ante el que puede más que tú, entonces... entonces... entonces... vaya, ¡creo que he dado con una segunda obviedad!.

Y como colofón, y para no crear una falsa imagen de mi opinión acerca del desempeño de nuestro afable ministro Moratinos, ni que decir tiene que la política exterior de Zapaterín es desastrosa rozando la catástrofe; que aquí no nos casamos con nadie. Pero un asesino es un asesino, y con eso llegamos a la tercera obviedad que culmina nuestro Tratado de lo Obvio.

(Para despedirme, quería compartir con vosotros que mi amado organismo me está deleitando con erecciones matutinas. Creo que otro día entraré en profundidad en este apasionante tema de las erecciones masculinas; mitos y realidad).