Vivir

A. convierte todo lo que hace en una obligación, lo sea o no. Cuando ya lo es, por supuesto todo resulta más fácil. Como el rey Midas del cuento con el oro, cualquier cosa que toca se torna al cabo del tiempo en algo que ha de hacer, no en algo que quiere hacer, por muy ilusionado que esté al principio. Eso le quita, como es de esperar, toda la diversión a las actividades que hace, lo que le lleva a abandonar una tras otra, en busca de algo de algo de entretenimiento. Y en esa búsqueda que elimine la apatía, el aburrimiento, el hastío que envuelve todo aquello en lo que se embarca, A. observa, estudia, y experimenta. Con los habituales; coleccionismo, la lectura, el cine y la televisión, la música, los tebeos, las reuniones con amigos o los deportes. Con cualquier droga que es capaz de conseguir y meterse: se coloca hasta que el cuerpo aguanta, o deja involuntariamente de hacerlo y visita por necesidad la sala de urgencia del hospital de turno. Sexo en pareja, en trío, hetero y homosexual; orgías, sadomasoquismo, zoofilia, coprofilia y toda aquella parafilia que se le pasa por la cabeza. En todo ello, fracasa y se hunde en su miseria existencial; no entiende nada y piensa que hay en todo ello algo que se le escapa, un nosequé que se le resiste, que no puede alcanzar. La misma mierda monótona día tras día, la misma ausencia de emoción y de puta alegría inalcanzable. Incapaz de comprender en qué extraña cualidad o propiedad, ajena a él, reside la diversión que obtiene la gente que le rodea, intenta racionalizar su problema, asimilarlo, pero sin que ello le lleve a nada; ni siquiera le mantiene ocupado. Como último recurso, como última escapatoria, miente, engaña, roba, viola y asesina, tortura, maltrata, y se esfuerza en reducir la vida de los demás a un infierno, poniendo en ello todo su empeño. Y se siente feliz, realizado, alegre y jovial mientras lo hace; se divierte y su vida se convierte precisamente en eso: en una vida, en una que vale la pena vivir.

Seguramente culparán a A. por ello. Pensarán esto y aquello, y lo condenarán sin pensarlo dos veces. Hagan lo que quieran, qué más da. Al fin y al cabo, ¿qué saben ustedes de vivir sin ilusión?