Una mijina de política

Hace mucho que no escribo de política, porque aunque no se lo crean, yo antes lo hacía; se lo juro. Y no es que ahora esté especialmente interesado, pero me ha sorprendido (gratamente, para qué lo voy a negar) ver cómo —siempre según mi punto de vista— el PP es capaz de meter la pata hasta el nivel que lo está haciendo —el fondo— a menos de tres meses de las elecciones generales. Voy a pasar un poco por encima del anuncio del número dos, Manuel Pizarro (ex presidente de Endesa), ya que no me parece una persona a vender como si fuese el Mesías (repito, ex presidente de Endesa). Yo apuntaría más bien por una continuación de la política de privatización que se hizo durante la época Aznar y que, sea buena o mala política —a veces es una cosa y a veces otra, dependiendo del sector—, no suele ser lo más popular del mundo. Eso no significa que este tipo no sea válido, sino que viniendo de donde viene, no es quizá demasiado fácil de "vender". Me ha llamado además la atención verle hablar ante los micrófonos como si llevase años militando en el partido, aunque como dijo Solbes, lleva mucho tiempo haciendo política "entre bambalinas". Dejando a Pizarro con su merecida recompensa por su gestión en Endesa ante la OPA de Gas Natural, la metida de pata de la que les hablaba al principio es, como probablemente imaginan, la del rifirrafe entre Aguirre y Gallardón.

Básicamente, y siempre desde mi opinión, si algo ha demostrado el PP con este movimiento es quién manda en el partido; que el lugar del PP no está en el centro ni en el centro-derecha ni en el centro-derecha-derecha, si es que alguien alguna vez se creyó tal cosa; que su lugar está a la derecha-derecha de la derecha más derecha, y que la línea de partido la dicta Aznar acompañado del trío maravillas "Zaplana Acebes Aguirre et al.". Ahí es nada; como para pegarse un tiro. El PP ha sido incapaz de ver que Gallardón es probablemente la única persona del partido que despierta simpatías en la izquierda, que es lo único del PP que puede decirse que está cerca del "centro", y que podría haber sido la mejor apuesta para captar a aquellos indecisos que repudian la derecha más dura (la que se ha salido con la suya), pero al mismo tiempo recelan del PSOE por razones ideológicas o históricas.

Nunca he sido una persona de fuertes convicciones políticas "partidistas". Es decir, que tengo mis opiniones en materia social, económica y otras muchas, y a veces estoy de acuerdo con el PP y a veces con el PSOE. Soy de la opinión de que asistir a un mítin político es una de las mayores gilipolleces que se pueden hacer y poco más que un acto de estupidez supina, sin entrar en el nivel de borreguismo que conlleva (espero no ofender a nadie). No obstante, no puedo decir que no me alegro por lo del PP. No sólo porque demuestra la total falta de miopía de Rajoy —aunque esta decisión está lejos de ser personal— y muestra lo que se puede esperar del PP si gana, sino porque puede suponer el fracaso de la derecha (y aún mejor, el de *esta* derecha) en las próximas generales. Como comprenderán, no quiero a sujetos como Zaplana, Acebes o Aguirre (et al.) en el gobierno de mi país. Otra vez no. Por favor.

Si no les veo antes, que creo que sí, buen fin de semana.