Tonto y tacaño (o esto no era lo que tenía pensado contar)

Esta mañana, cuando he bajado con Samy a que hiciese sus necesidades y pasase un poco de miedo, me he visto tentado a comprar una ensaimada en el horno de mi barrio. Tras considerar demasiado brevemente —y como les adelanto ya, de manera errónea— las posibilidades de tener hambre en las próximas horas, he renunciado a gastar 75 míseros céntimos y he subido a casa. Aproximadamente 45 minutos después, y después de mil y una vueltas buscando aparcamiento —qué gilipollas es a veces la gente, por cierto—, he pasado delante de un horno y tentado, he comprado una ensaimada que era 40 céntimos más cara y sensiblemente de menor calidad. Quién me mandaría a mí tomar decisiones.

Les adelanto que en lo personal no está siendo una temporada muy buena, la verdad. Así que no me pidan demasiado.