The Shouting Hill

Cuenta Marcus Boffmann en su libro Historias sin miedo que aproximadamente a treinta millas al norte de Tweedtown, entrando ya en el desierto de Nevada, se encuentra lo que se conoce como La colina del Grito (The Shouting Hill), a la que acuden cada año miles de personas al año con la única intención de gritar, tan alto como puedan, al desierto que se extiende frente a ellos.

A partir de este ejemplo, reflexiona Boffmann acerca de la urgente necesidad de contar con espacios a través de los cuales el individuo de la gran ciudad (principalmente, pero no de manera exclusiva), al que se le exige un grado superlativo de civilización a la vez que se le fuerza a convivir con grados a menudo intolerables de caos de irracionalidad (representados a través del estrés, los abusos psicológicos y físicos o la injusticia e incompetencia burocrática), pueda reducir hasta unos niveles admisibles la presión que se deriva de esta contradicción social y personal.

No nos sorprendamos, dice Boffman, de que «de tanto en tanto, una persona se salga literalmente de sus casillas y lleve a cabo lo que es una atrocidad ante los ojos de cualquiera. Nos sorprenderíamos, hasta el nivel de la compasión y quizá la empatía, de la historia que muchos de estos asesinos que aparecen en los noticiarios tienen tras de sí».

Al igual que Joel Schumacher en Un día de furia, Marcus Boffmann advierte que es una temeridad olvidar las partes no conscientes de la sociedad, y que cualquiera de nosotros, o aquellos con los que convivimos día a día, podría, sometido a una excesiva presión, convertirse en un salvaje.