Se veía venir...

Después de ver tanto Avatar como En tierra hostil, me resulta difícil comprender la duda que ha existido en la prensa sobre quién podría llevarse el premio a la mejor película y mejor director, aunque bien es cierto que la Academia a veces es imprevisible y tiene sus propios tejemanejes y es posible que por ahí fuesen los tiros.

Quizá En tierra hostil no sea todo lo alternativa que se quiere vender en el sentido de cultura alternativa (diez millones la hacen independiente comparada con los presupuestos de las grandes productoras, y desde luego con Avatar, pero no alternativa), a la vista de algunos clichés pro-americanos y cierta parcialidad patriótica, pero desde luego, es una película muy superior a la de los lagartos humanoides de Pandora. Que la calidad técnica de esta última es impecable, no hay ninguna duda; que visualmente es una película impresionante, con o sin 3D, tampoco, pero poco más; el guión, el desarrollo y profundidad de la historia y la caracterización de los personajes no puede ser más convencional y típica: malos muy malos, buenos muy buenos, el héroe, la chica, etc. Nada nuevo bajo el sol. Aunque no hay que quitarle mérito a la película de Cameron, creo que ésta se ha alimentado de una fantástica campaña de marketing, de ser la película comercial que apuesta definitivamente por el 3D, y de la fama previa que acumulaba su director, así como de su silencio estos años.