Reggie

Reggie, tío, esto de matar gente cada vez me gusta menos.

Antes tenía su gracia, había que ser inteligente, astuto, hábil. Había que ponerle pasión, y sobre todo imaginación. Tener recursos, ya sabes. Que parezca un accidente, te decía el jefe, y tú lo hacías parecer un accidente o tú eras parte del accidente. Tenía su encanto. Y sobre todo, era limpio. Un par de balas en la sesera, un hoyo y a otra cosa mariposa. Un poco de cemento rápido y a dormir con los pescados. Una soga y a volar como un pájaro. Tenías tus métodos, tus trucos, tus cosillas. Había tradición en lo que hacías, y eso le daba valor. Hacías tu trabajo con dignidad.

Pero ya no más. Desde que al jefe le ha dado por ver CSI no hay quien trabaje a gusto. Ya no hay accidentes, ya no hay sogas ni cemento rápido ni hoyos ni palas ni nada. Ahora, que si un trozo de brócoli entre los dientes, que si métele esto en el buche, que si píntale las uñas de azul, que si una carta de tarot en el bolsillo... ah, y sobre todo, que le lleves el cuerpo -sí, ya lo sé, toda la vida ha sido un cadáver, pero es que ahora al jefe le ha dado por llamarlos cuerpo-, que quiere averiguar la causa de la muerte. Y claro, te toca inventarte una historia para que el señorito esté entretenido. Y ahí lo tienes, con la bata blanca esa que se ha comprado, diciendo Joe, algo no cuadra en todo esto o Joe, tenemos suerte, parece que hemos encontrado algo, o Joe, aquí veo algo extraño, ¿qué te parece?

Pero lo peor, Reggie, ¿sabes lo que es? Lo peor, con mucha diferencia, es cuando le da por "investigar" una muerte violenta, y quiere que le lleves el cadáver, perdón, el cuerpo, a trozos. Y es que este hombre no sabe cómo mancha la sangre y lo que cuesta que se vayan las manchas. No lo sabe, de verdad que no. Porque tío, es que mira cómo me estás poniendo, y a ver qué le digo yo luego al de la tintorería. En fin, Reggie, que no sé dónde vamos a parar, no lo sé.