Mapache Joe

Me llamo Joe, pero me llaman Mapache Joe, es lo primero que sale de su boca cuando te lo presentan. Y este tipo apesta lo primero que pasa por tu cabeza cuando lo hacen. Es normal, porque Mapache Joe es una mofeta, por mucho que pretenda convencerte de lo contrario; pero que no se les escape que se lo he dicho, porque Joe me mataría si se enterase, que es además la principal razón por la que todo el mundo simula que el tipo en cuestión es realmente un mapache. Quizá sea también porque siendo el prestamista más odiado y con el mayor número de clientes, cosas que en esa profesión van unidas sin remedio en relación directamente proporcional, lo de que te entren arcadas cuando lo tienes delante, le va que ni pintado.

Pero Mapache Joe no sabe la que se le viene encima, porque detrás de una vieja radio sobre la que lleva acumulándose irremediablemente el polvo durante años, se encuentra olvidado, o a lo mejor no, el único fascículo de Pasatiempos o no que aún conserva todas las hojas de soluciones intactas. Es decir, la respuesta a las cavilaciones de los últimos cinco años de la vida de A de Alicia. Y a Mariano, a Bengala Mariano para nosotros, le da igual que Joe sea un mapache, una mofeta o un castor; faltaría más, que para eso es un tigre. No un gato, ni un lince ni una nutria, un puto tigre, con sus rayas, sus pezuñas y sus colmillos, sobre todo sus colmillos, y además, como ya dijimos, lleva sin comer desde que Julio Iglesias sacó su tercer disco. Y Mariano está cansado, aburrido, harto de estar agazapado en la oscuridad.

Y todo eso es malo para Mapache Joe; malo, muy malo. Ni el olor le va a salvar esta vez.