Libros recuperados, al fin

¿Se acuerdan ustedes de aquellos libros que prácticamente había dado por perdidos? ¿Esos que presté hace nosecuántos meses y que en su momento me sabía mal reclamar insistentemente? ¿Esos que sí, en efecto, acabé pidiendo insistentemente? ¿Esos que sí, también, he acabado recuperando? ¿Se acuerdan?

Pues como están imaginando, ya descansan, todos ellos menos uno, en mi pequeña, solitaria e inconclusa librería de IKEA; Las flores del mal, Wilt, Hojas de hierba y El antropólogo inocente. Todos listos para que alguien como usted, ávido de lecturas interesantes, me los pida, o incluso yo, sujeto interesado donde los haya en la divulgación cultural, me ofrezca desinteresadamente a prestarlos.

Eso sí, a partir de ahora, previo pago de treinta (30) euros en concepto de fianza... y gastos telefónicos, por si acaso. Ya saben.