Juego

Hace un tiempo me regalaron un juego que en principio me pareció muy divertido. A partir de unos elementos muy básicos podías hacer lo que quisieras. Todo dependía de tu creatividad. Yo en unas seis horas creé el cielo, la tierra, los animales, las plantas y todo lo demás. Después me dormí una siestecita y se me ocurrió crear un personajillo a mi imagen y semejanza. Y como vi que no hacía nada más que comer y dormir le puse otro personajillo complementario para que le diera caña. Al principio parecían llevarse bien pero al poco tiempo me tuve que cabrear porque no cumplían las reglas del juego. Entonces los quité del tablero original, pero empezaron a multiplicarse a tal velocidad que me asusté e intenté eliminarlos con una inundación. Aún así, se salvaron algunos y volvieron a empezar. Al poco tiempo, otra vez lo mismo... guerras, traiciones y miserias. Entonces vino mi hijo y me dijo: "Que divertido... ¿Puedo jugar?" Y yo le dije: "Ok" y lo metí en el juego, pero va un hijoputa que se hacía pasar por su colega y lo traiciona y lo acusan de terrorista y lo torturan y después lo entierran. ¡Menos mal que me di cuenta y lo saqué volando de allí!

Yo ahora paso del juego. Ya no me hace nada de gracia. Me aburre. Creo que lo tengo por ahí tirado. No se dónde.

 

Este post es (fue) una colaboración de Futuro Perfecto, un blog por el que siento, como quizá ya haya dicho en alguna ocasión, cierta admiración. Las circunstancias de esta colaboración fueron especiales, ya que de lunes a jueves, intercambié, sin hacerlo público, este blog con el suyo. Pueden encontrarse más detalles de la colaboración aquí, y el post que yo escribí, en la entrada correspondiente a ese día (existe un director´s cut de mi colaboración aquí).