Flotas

«Si tienes suerte y el golpe te pilla fresco, cuando te desplomas sobre la lona al menos tienes una ligera conciencia de qué es lo que pasa. Si no tienes esa suerte... bueno, si no la tienes, llegado ese punto no importa demasiado porque eso no va a cambiar nada. Y entonces, simplemente caes. Así, sin más. Te derrumbas, caes, sin sentir que caes. Y flotas. Flotas. Como una tonelada de hierro en el fondo del océano, flotas y te escuchas a ti mismo; el latido del corazón retumbar dentro de tu cabeza, el aire saliendo de tus pulmones y tus propios gemidos mientras el mundo entero guarda silencio. Y en ese preciso instante, exhausto, agotado, derrotado, muerto, acabado, te levantas. Porque flotas, porque tienes que hacerlo, y porque después de todo, ese es tu maldito trabajo».