Ficciones y realidades

Vista la reacción de una persona frente al texto de Tyler de ayer, y quizá de algunas otras que no dijeron nada, me veo en la obligación de aclarar que eso no era un texto real, sino una simple ficción. Me alegro sin embargo de que alguien pudiera sentirse ofendido por él, porque despertar ese tipo de sentimientos y rechazo era uno de sus propósitos. Era, como la mayoría de textos que pongo aquí, un simple ejercicio literario, como cuando, incluso hablando de mi vida, escribo en segunda persona o en tercera. El texto de ayer puede ser una confesión (de nuevo, ficticia) repugnante, pero nadie dijo que la ficción tuviera que ser de color de rosa.

Por lo general, creo que suele estar claro cuando hablo de mi vida y cuando hablo de una ficción. Habitualmente, muy claro, y en este caso, yo diría que lo estaba, incluso aunque no fueses asiduo de este blog. Sin embargo, para evitar malentendidos, creo necesario aclarar que Miguel y Eduardo son producto de mi imaginación, no tengo ningún tipo de especial habilidad para el sadismo, no conozco ninguna mujer que esté cercana al mundo del porno, y menos que pudiera ser mi novia (una pena, vaya). No conozco a nadie que pueda darme consejos sobre lo que hacer cuando tengo en la sien una nueve milímetros, Dee, Ka y Po no existen, sino que me los he inventado. Jamás estuve en nada similar a un internado, no conocí a Joyce ni tengo ningún tipo de relación con nadie que sufra de narcolepsia. Tampoco he visto nunca un genio (y menos frotando aquello), ni he vivido en Babia, ni he tenido un ratón en la cabeza, ni tengo relación alguna con mafiosos. Nicolás no pudo morir de coherencia, porque salió de mi cabeza, no conozco a ningún David con fobia a la gravedad ni a ninguna Amelia hipotecando su vida por un aumento de sueldo. Y así, muchas otras que no voy a mencionar aquí.

Por supuesto, en el futuro continuaré escribiendo sin indicar qué de lo que escribo es real y qué es ficción, y dejando al lector que tome tal decisión por mi, e invito a toda aquella persona que se encuentre en la duda -ante la duda, la más peluda- a preguntarlo si lo cree conveniente.

Fdo: La dirección.