C.

Es curioso.

Sales de fiesta, predispuesto para cualquier cosa, alegre y contento, receptivo, rebosante de simpatía, como un niño al que sacan de excursión, pero nada. Nada. Nada de nada.

Luego sales un día cansado, apático, sin demasiadas ganas, con sueño, echando de menos tu cama, y preguntándote mientras te apoyas en un pilar cómo puede ser que la música sea tan mala en aquel sitio y tú sigas a las seis de la mañana allí dentro. Y cuando sales a la calle, una de las pocas chicas en las que te habías fijado, se coge de tu brazo y te pide que la lleves a casa.

Y tú no entiendes nada, aunque piensas que eso de que las cosas llegan cuando menos te lo esperas va a resultar ser verdad, aunque nunca te lo hayas acabado de creer.

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Los tres entierros de Melquiades Estrada, fabulosa. Orgullo y Prejuicio, fabulosa. Qué dos grandes películas, porelamordedios.