Bárbaros

Ayer escuchaba en la radio a un tal Pablo, jugador profesional creo que del Sevilla, decir que las peleas a navajazos entre los seguidores radicales del Atlético y los del Sevilla que hubo el fin de semana pasado no son parte del fútbol. Básicamente lo mismo dijo el Betis cuando un gilipollas seguidor de su equipo le tiró una botella llena de agua a Armando, el portero del Athletic, porque "le dió un pronto"; no es socio del Betis, así que cuánto lo sentimos te lo juro por el cristo del gran poder, pero no es problema nuestro. Poco ha tardado la directiva del equipo bético en acusar a la RFEF de coacción y poco menos que ensañamiento con ellos.

Menuda gilipollez; todo eso es parte del fútbol, pero claro, qué otra cosa vas a decir cuando te van en ello tus intereses o sufriste una profunda carestía educativa, por no decir otras cosas. Es fútbol tanto como el cabezazo de Zidane y los insultos de Materazzi en el último Mundial, el botellazo que recibió Juande Ramos o la patada que el portero del Racing le dió a un jugador del Getafe hace unas semanas, simplemente por haberle metido un gol. Tanto como las salvajes entradas de algunos jugadores, que parece que lleven la consigna de dejar inválido de por vida al contrario; alguno de vez en cuando hasta lo consigue. Todo eso es fútbol. Nada más y nada menos.

Es mejor dejar las cosas claras desde el principio; quizá no todos los aficionados al fútbol sean unos animales, pero hay un porcentaje de ellos nada desdeñable que sí lo son, y aunque cuando uno es un bárbaro y un capullo poco se puede hacer, lo peor es que los clubs, los jugadores, y sus presidentes y juntas directivas incentivan y fomentan este tipo de actitudes; con sus declaraciones, salidas de tono, sus agresiones y excesos de hombría y testosterona, tanto fuera como dentro del campo, unido todo ello a una falta de sentido común y/o retraso mental generalizada en este deporte; si al menos supiesen cerrar la boca... durante mucho tiempo, muchos equipos incluso han proporcionado a sus seguidores más radicales —léase como a auténticos hijos de puta homicidas— locales en los que "reunirse". Pero ya se sabe que el fúrgol es así, y no hay rival fácil.

Después de todo y como dice un amigo, ¿qué se puede esperar de 22 tipos corriendo en calzoncillos por la hierba?