Un tío legal

Dice mi mujer entre risas que me paso el día hablando de él. Que parece que esté enamorado, que es mi único tema de conversación, que lo tiene hasta en la sopa. Vale, el tipo me gusta, he de reconocerlo, pero por supuesto no en el sentido que ella lo dice. Es ingenioso, y parece un tío legal; está un poco loco, pero no más que el resto del mundo , y tampoco me fiaría de nadie que no lo esté al menos un poco; no deja de ser una garantía de que no se toma a sí mismo demasiado en serio, y con esa clase de personas las cosas son siempre más fáciles. Más fluidas. Así que a la hora de la comida, ya sentados a la mesa, en medio de cualquier conversación y sin previo aviso, a veces María me mira fijamente, con una mueca de seriedad, y me pregunta sarcásticamente si me voy a casar con él. Entonces yo le devuelvo la mirada, sonrío y sigo con mi comida en silencio. Quizá hoy le conteste que lo haré cuando ella deje de follárselo.