Señor Azulejo

El Señor Azulejo te mira cuando te duchas, cuando te bañas, cuando te enjabonas o cuando simplemente dejas caer el agua caliente por tu cuerpo. En silencio, pegado a la pared, te observa, aunque tú le ignores, aunque no te hayas fijado nunca en él, aunque no sepas ni que existe. Es feliz viendo el agua deslizarse por tu barbilla, el jabón correr por tus piernas y tu pecho, y casi puede sentir lo que tu sientes si lo intenta. Pero cuando sales, cuando apagas la luz, cuando corres la cortina, y le dejas ahí detrás en la oscuridad, solo con todos esos seres sin boca, sin ojos, sin cara, al Señor Azulejo le gustaría gritar muy fuerte, pero su boca no se abre y su garganta no emite sonido alguno. El Señor Azulejo lleva muchos años pasando miedo, vigilando, aterrorizado entre extraños. Por eso, a veces, aunque tú no lo notes, lo que le cae desde los ojos cuando te duchas no es agua caliente, no es jabón, son lágrimas. Moriría de miedo si pudiera, pero él no es más que un pobre azulejo agujereado, nada más que un pobre azulejo sucio.

No te rías cuando veas al Señor Azulejo. Todos tenemos miedo de algo y este es su miedo.