Pesadilla

Todos los días, antes de acostarse, abre su libro y lo lee. Y todos los días, da igual por donde lo abra, se encuentra a sí mismo de nuevo en el papel, descubriendo con horror que su vida ya ha sido pensada antes, que alguien se ha encargado de escribirla, de revisarla, de corregirla, de mandarla a la imprenta, de publicarla, de distribuirla, de comprarla. Que su vida, como una vulgar historia, ha pasado ya por innumerables manos, que no posee ni un ápice de originalidad. Y cada noche, intenta sin éxito leer un poco más allá, reconociéndose en frases que se eternizan al narrar a un protagonista intentando ir un poco más allá, atormentado por no saber si es él el que escribe o el libro el que narra.

Y se resiste, día tras día, a saltarse la trama y pasar directamente al final del libro, aunque se da cuenta de que, a pesar de las consecuencias, no podrá resistirlo mucho tiempo más. Pero le consuela pensar que, sin duda alguna, cuando lo haga, lo encontrará escrito en esa última hoja.

(Texto publicado el pasado 24 de noviembre de 2005 como colaboración en Futuro Perfecto, el anterior blog de Nadie. Y es que no somos nadie.)