No somos nadie

Mientras aguardas al ascensor, listo para ir al trabajo, turno de tardes, te asalta la duda de si has apagado o no las luces de la cocina, y decides entrar a casa de nuevo, sólo para comprobarlo, es sólo un minuto, te dices, a la vez que el ascensor, al que estabas esperando, se detiene justo en el momento en el que abres la puerta de tu casa, con el vecino del sexto en su interior, Andrés, que atraviesa una tremenda depresión a causa de la muerte de su esposa el mes pasado, y con él, quince segundos más tarde, el ascensor se cierra sin tí, y sigue su camino hacia la planta baja, por lo que al no coincidir con él por tan sólo medio mísero minuto, no puedes darle los buenos días, no puedes interesarte por él, no puedes alegrarle el día en la medida de lo posible, demostrándole que no está sólo en el mundo y que hay cosas que simplemente pasan, pero la vida sigue contigo o sin tí. Y así, sale a la calle cabizbajo, sin prestar atención, ausente, tres minutos antes de lo previsto, minutos en los que se habría entretenido en el patio hablando contigo, y a punto está de dejarse la vida y algo más debajo de las ruedas recién estrenadas de un todoterreno que circula correctamente por el carril derecho. Y al descansar del susto apoyado en una caseta de la ONCE, mientras se repone, decide, simplemente porque sí, simplemente por llegar hasta allí, comprar un décimo cualquiera, el último que quede de algún número cualquiera, el mismo que Marisa, una mujer que se divorció de su marido hace seis años y que se siente, a sus cincuentaymuchos, muy sola, lleva comprando durante meses o quién sabe si incluso años, quién sabe, y que habría comprado tres minutos más tarde, como hace todos los días, si Andrés no lo hubiera comprado un instante antes que ella. El mismo, como hace todos los días, menos hoy. Hoy también, si no hubieses entrado a verificar que las luces de la cocina, que estaban apagadas, estaban realmente apagadas. Hoy también, si Andrés no hubiese estado a punto de morir bajo los neumáticos de un Gran Cherokee. Hoy también, si en lugar de ponerse en la primera caja del supermercado, por simple pereza, por simple apatía, por simple desgana, se hubiese puesto en la tercera. Pero no. Todos los días, menos hoy.

Pero hoy es, precisamente, el día que ese décimo es premiado. Hoy. Porca miseria.