Héroes de papel

Levanté mi rodilla del suelo y me puse en pie con dificultad. En ese momento les oí y tomé conciencia de dónde estaba. Frente a toda aquella gente, que siempre me había parecido chusma, frente a esos miles de aplausos, no sólo me sentía como un héroe, sabía que lo era. Era su héroe. La adrenalina fluía por mi cuerpo y sabiéndome observado, vigilaba cada uno de mis movimientos, relamiéndome con aquel espectáculo. Miré al cielo teatralmente, como esperando un signo de aprobación, y al instante el estruendo me dijo que aquello les había gustado. No hizo falta esperar al pulgar. Durante aquellos segundos, era el dueño del mundo.

Empecé a girar a mi alrededor lentamente, mirándolos, sabiendo que todos y cada uno de ellos me pertenecían, hasta que me puse frente a él, inerte en el suelo. La adrenalina desapareció, el héroe desapareció, el dueño del mundo desapareció, y en su lugar quedó sólo un miserable asesino aplaudido por un montón de chusma.