Cuatro minutos

Después de pasar varias semanas sin pisar una sala de cine, algo inconcebible en mi hace poco más de un año, el sábado pasado me levanté de la mesa con la intención de pasar la tarde viendo Death Proof de Quentin Tarantino, y ante mi sorpresa mi partenaire accedió sin réplica. Pero eso fue hasta que leí media docena de críticas que no la ponían precisamente bien, y aunque intenté convencerme de continuar con la idea original usando la siempre cuestionable idea de que sobre gustos no hay nada escrito, la unanimidad en torno a la calidad de la película de Tarantino, a quien Cuatro le dedicaría un semi especial esa misma noche (Pulp Fiction + Jackie Brown), me provocó una profunda apatía y consiguió que abandonase completamente esa opción y comenzase a valorar diversas alternativas, entre ellas la de mandar a la mierda a la industria del celuloide, al menos durante ese fin de semana. Por si eso fuese poco y para mi desgracia, la segunda alternativa, Planet Terror, con mejores críticas, no estaba accesible en ningún horario deseado. Finalmente, El ultimatum de Bourne, la tercera de las opciones, no era del agrado de mi acompañante (léase mi novia), a pesar de tener bastantes buenas críticas.

Así que finalmente, y al borde del suicidio abandono ante tan desolador panorama, decidimos entrar en Cuatro minutos, gratamente impresionados por la película de la misma nacionalidad —alemana—que habíamos visto hace unas semanas, La vida de los otros, aunque sin saber prácticamente nada sobre ella. Desgraciadamente, eso acabó siendo un craso error y la materialización de ese refrán que habla de las brasas y la sartén, porque Cuatro minutos es decepcionante, aunque las expectativas no fuesen desde el principio como para tirar cohetes. Sospecho, sin temor a equivocarme, que esta película permanece en la cartelera gracias al tirón que su grandísima compatriota tuvo en los últimos meses, porque cualquier comparación entre ambas es pura coincidencia: La vida de los otros es una maravilla, mientras que Cuatro minutos es cuando menos prescindible.

No se preocupen, no se la voy a destripar. Sólo les diré que la película trata de la relación que hay entre una anciana profesora de piano y una joven reclusa condenada por asesinato, rebelde sin causa y con extraordinarias dotes para tocar el piano. En resumen, los problemas de la cinta son diversos, que pasan por la cuestionable interpretación de las protagonistas principales y la evidente falta de empatía que esto genera, un final completamente previsible a la Hollywood, o los excesos melodramáticos a menudo en forma de flashbacks. En definitiva, vayan a verla si quieren, pero al precio que está el cine, yo les recomiendo que dediquen su dinero a cosas mejores.