Cambios

Te levantas sucio, con dolor de cabeza y oliendo a alcohol, como casi todos los días desde hace años. Es sorprendente lo rápido que se acostumbra el cuerpo al deterioro personal; aprende rápido. La higiene y los escrúpulos de todo tipo pasan a un segundo plano al cabo de unas pocas semanas; limpiarse se convierte en algo accesorio, y te encuentras rebuscando en la basura comida que no le habrías dado ni a tu perro. Aprendes a dormir entre los cartones, y asumes que no siempre existe un lugar oculto a la vista de las miradas para hacer tus necesidades.

Pero un día, quizá movido por la vergüenza, por un destello de conciencia del nivel hasta el que has caído, por el recuerdo de aquellos que apenas recuerdas, o quizá por tu miseria reflejada en un espejo, decides salir del pozo. Aunque sin dinero, sin nada en absoluto, es difícil volver a empezar, y por, piensas, única vez en tu vida, agarras sin demasiada convicción esa navaja oxidada que guardas para defenderte de adolescentes hijos de puta, cabezas rapada, y drogadictos, y te encaras cobardemente con una pobre señora para conseguir sacar unos míseros euros con los que pagar un billete de autobús. Pero la suerte, esa misma que te abandonó hace años, se saca un forcejeo de la manga, un mal paso, un fatal movimiento, y acaba clavando ese cuchillo en el estómago de una mujer inocente que nunca tuvo culpa de nada.

Y es en ese preciso momento, por primera vez en tu vida, cuando sabes en qué consiste realmente la miseria.

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Still don’t know what I was looking for
And my time was running wild
A million dead-end streets and
Every time I thought I’d got it made
It seemed the taste was not so sweet
So I turned myself to face me
But I’ve never caught a glimpse
Of how the others must see the faker
I’m much too fast to take that test

(Changes, Butterfly Boucher)