Los filtros literarios (o cómo escribir para impresionar en Internet)

Hace mucho tiempo que no escribo dos posts en días consecutivos. Algún día tenía que volver a pasar. Ese día es hoy. A raíz de unos textos de Roy Galán que he leído en Facebook me he decidido a venir a hablar de una figura retórica que sin duda se habrán encontrado, y que se utiliza por lo general para mejorar el ritmo del texto y a menudo para darle dramatismo: la anáfora. Y como no soy nadie para ir definiendo términos, veamos qué dicen por ahí de ella.

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La novela, suma y sigue

Ah, la novela. Cuánto tiempo sin hablar de ella. Bien, veamos si puedo ser breve.

Después de dos años y medio de escritura interrumpida, hace algo menos de un mes logré al fin tener un primer borrador "estable" de la novela. Hay que tener en cuenta que aunque hable de "primer borrador", el caótico proceso de desarrollo que he seguido ha provocado que algunos capítulos hayan sido revisados al menos media docena de veces. Sea como fuere, la cuestión más positiva es que el argumento ya está cerrado, y eso es un alivio. No hay piezas que encajar; el puzzle está acabado, sólo falta darle la pátina de cola y enmarcarlo. Puedo recortar algunas escenas, alargar otras, pero no tengo que "inventar" nada.

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Eppur si muove

Oh, vaya, ya está de nuevo el pesado este con el rollo de la puta novela. Qué tío más pesado.

Sí, qué pasa. Respect.

Bueno, a lo que iba. La última vez que aparecí por aquí para hablar de mi eterno proyecto fue el 6 de diciembre. Entonces llevaba 135.000 palabras. Ahora llevo 140.000. El incremento de 5000 palabras en un mes no parece mucho, aunque claro, no se trata de generar volumen. A pesar de lo que puede parecer, en este último mes he avanzado bastante. Menos de lo que me gustaría y desde luego, menos de lo que debería a decir por las horas que paso delante del teclado y los dolores de cabeza con los que acabo algunos días, pero bueno. Ya saben, el que algo quiere... 

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Encadenado a un niño repulsivamente deformado gateando.

Hace unos minutos, mientras paseaba a Samy por el barrio, venía pensando en qué escribir y cómo escribirlo; sabía lo que quería decir, y he llegado incluso a concretar varias frases. He pensado varios comienzos, pero esto de escribir se parece bastante, imagino, a lo de pintar. En tu cabeza todo parece más fácil de lo que es, y ahora que me he puesto manos a la obra me doy cuenta de que he perdido palabras, argumentos, comienzos, finales; que lo que parecían frases bien definidas han metamorfoseado en entidades amorfas en las que sólo reconozco un atisbo de su forma original. Así pues, me toca trabajar con arcilla cuando creía que ya tenía la figura pintada a punto de barnizar. 

Una bandada de pájaros que vuela formando una uve en el cielo se refleja sobre el cristal de la mesa. Veo muchas últimamente.

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El dequeísmo ha hecho un amigo: el pretérito perfecto compuesto

No recuerdo cómo surgió el dequeísmo, pero la impresión que tengo, probablemente muy alejada de la realidad, es que fue algo que apareció de la nada y se extendió como la pólvora entre personas a las que se presupone cierta competencia lingüistica. De repente, estaba por todas partes. También es cierto que quizá estemos equivocados y seamos demasiado optimistas respecto a dicha competencia; que el director de un periódico de tirada nacional como La Razón no sepa hablar correctamente (sino todo lo contrario), o que en cualquier tertulia radiofónica falten manos para contar las veces que se pronuncia incorrectamente el "de que" (porque algunos ignoran que hay ocasiones en las que ese uso es el correcto: "tengo ganas de que te largues", aunque paradójicamente en esos casos algunos se empeñan en quitar la preposición, incurriendo en el queísmo), dice muy poco a favor de la calidad de... bueno, en realidad eso ya lo sabíamos.

Pero tras el dequeísmo, hay un nuevo sheriff en la ciudad: el uso del pretérito perfecto compuesto: he escrito, donde debería emplearse el pretérito perfecto simple: escribí. Parece un tema baladí, pero no lo es. Veamos qué dice nuestra querida RAE:


pretérito perfecto simple (escribí): 1. m. Gram. Tiempo que denota una acción o un estado de cosas anteriores al momento en que se habla, sin vinculación con el presente.

pretérito perfecto compuesto (he escrito): 1. m. Gram. Tiempo que denota una acción o un estado de cosas anteriores al momento en que se habla, vinculado con el presente.


Vale. Está claro, ¿no? Lo importante es la vinculación con el presente, que determina cuándo utilizar uno u otro. Es fácil distinguirlos: el compuesto es el que es.. compuesto, y el simple, el que es... no compuesto.

Sigamos ahora con la Wikipedia, que es muy ilustrativa en el uso de uno frente al otro (simplifico):


El pretérito perfecto compuesto [he escrito] se usa para referirse a hechos pasados con relación con la zona temporal en la que se encuentra el hablante. Por ejemplo:

"Este fin de semana hemos disfrutado mucho" (correcto), frente a "Este fin de semana disfrutamos mucho" (incorrecto, o como mínimo, menos correcto).

La acción de disfrutar se sitúa en la zona temporal en la que el hablante ha decidido colocarse, cosa que hace al emplear "este" en "Este fin de semana", aunque el fin de semana pueda haber pasado. Si hubiera utilizado "Aquel fin de semana", el hablante se habría alejado de dicha zona temporal y debería haber utilizado "disfrutamos": "Aquel fin de semana disfrutamos mucho", aunque se tratase del mismo fin de semana. Es el determinante el que marca el lugar temporal y por tanto el tiempo verbal.

Usualmente, esa relación temporal la establece el hablante en la propia frase; al decir "Este fin de semana" se sitúa en dicho fin de semana, o al decir "Hoy he ido al supermercado" se sitúa en Hoy. Si se hubiese dicho "Ayer" en vez de "Hoy", se habría roto la relación temporal: "Ayer he ido al supermercado" es claramente erróneo. Son también inusuales frases como "Ayer han aterrizado tres aviones"; si se quiere resaltar la relación temporal, diríamos por ejemplo "Esta noche han aterrizado tres aviones".


A estas alturas debería estar más que cristalino, pero veamos otro ejemplo:


"El día 7 de abril ha arrancado la campaña de la declaración de la renta referida al ejercicio fiscal 2014”.


Parece evidente que el 7 de abril no es una fecha relacionada con el presente, ya que en el momento de escribir esto es 14 de noviembre; de hecho, la frase posiciona intencionadamente al lector en un momento del tiempo no relacionado con el presente, ya que la fórmula “El día X” busca de hecho establecer un punto temporal fijo (y por tanto diferente al del hablante) que pueda ser referenciado en cualquier momento futuro. Para poder utilizar el pretérito perfecto compuesto, sería necesario decir “Hoy ha arrancado”, “Esta semana ha arrancado”, etc., pero eso sólo podría ser empleado en determinados períodos temporales. El uso es todavía más ridículo a medida que nos alejamos del presente: "El 2 de octubre de 1945 ha acabado la Segunda Guerra Mundial".

Por último, fijémonos ahora en la frase "El día 27 de septiembre han tenido lugar las elecciones catalanas", e imaginemos que hoy es efectivamente 27 de septiembre. Igual es mi oído, pero esa frase suena extraña; es como si hubiese algo que no encaja. Únicamente la siento como correcta si está enmarcada en algún tipo de declaración formal institucional, pero no en el habla común. Pero el problema aquí es que tampoco suena bien "El día 27 de septiembre tuvieron lugar las elecciones catalanas", ya que nos referimos al día de hoy.

¿Entonces? En tal caso, podríamos utilizar "Este 27 de septiembre han tenido lugar las elecciones catalanas" (es decir, "este" día es "27 de septiembre"), aunque en mi opinión lo mejor sería utilizar "Hoy han tenido lugar..." si hoy es 27 de septiembre, o "El día 27 de septiembre tuvieron lugar..." en cualquier otro momento. Como siempre, hay que adaptar el lenguaje a las circunstancias y cambiar la forma verbal no siempre es la solución.

Algunos pensaréis que esto es hilar muy fino, pero es sólo la superficie del uso correcto del lenguaje. A poco que uno presta atención y educa el oído, se asusta del número de analfabetos "de baja intensidad" en cualquier tertulia, mitin político, declaraciones a la prensa, artículos de periódico, etc.

Hilar muy fino es, por ejemplo, una duda que me surgió leyendo recientemente el libro de Salinger: en una frase interrogativa o exclamativa que está en redonda (i.e. que no va en cursiva), si alguna de las palabras de los extremos va en cursiva, ¿debe ir el signo más cercano en cursiva o en redonda? Es decir, ¿de las siguientes, qué opción es la correcta?:

  1. ¿Te has comido todas las heces o me has dejado alguna?
  2. ¿Te has comido todas las heces o me has dejado alguna?

Aunque sí existe una norma en relación con los puntos de puntuación simples (punto, coma, punto y coma) y parece haber consenso cuando toda la frase va en cursiva (en cuyo caso los signos deben ir también), el tema no está tan claro con los paréntesis (pueden ver la consulta a fundéu, o este hilo de un foro del Centro Virtual Cervantes que hace referencia a la ortotipografía francesa aunque son en general opiniones personales) ni con los signos de interrogación y exclamación.

Personalmente, yo me decanto más por la segunda opción. Entiendo que si una frase que está toda ella en redonda tiene una palabra en cursiva, la connotación o énfasis de la cursiva se aplica únicamente a esa palabra, y no al signo de cierre de la interrogación que es parte del conjunto. Pero sí, tengo mis dudas. Evidentemente, esto sólo aplica a la expresión escrita. En la expresión oral no tiene cabida.

Interesante, ¿verdad? Más tarde o mañana, un brevísimo resumen de lecturas recientes.

El punto y coma, mon amour

Hace unos días un amigo me preguntaba sobre el uso del punto y coma, para mí el signo de puntuación más interesante, gracias a las posibilidades que proporciona para ajustar la velocidad del texto.

Veamos la definición de la RAE

 

"Punto y coma

1. Signo de puntuación (;) que indica una pausa mayor que la marcada por la coma y menor que la señalada por el punto. [...]

2. El punto y coma es, de todos los signos de puntuación, el que presenta un mayor grado de subjetividad en su empleo, pues, en muchos casos, es posible optar, en su lugar, por otro signo de puntuación, como el punto y seguido, los dos puntos o la coma."

 

¿Cuándo y cómo usar el punto y coma? Se trata de un tema muy personal y sólo al utilizarlo se va identificando dónde encaja y dónde no según tu forma de escribir. Dicho de manera rápida, aunque la RAE da muchos más detalles, si se quiere mostrar que son dos frases diferentes pero que están conectadas, se utiliza el punto y coma. Si se quiere que el lector se detenga, el punto. 

En los ejemplos siguientes se podría sustituir el punto y coma por un punto o una coma, e incluso en varios de ellos se podrían utilizar los dos puntos.

 

1.- Que le gusta nadar no es nada nuevo; hace mucho tiempo que va a la piscina con regularidad.

2.- Tampoco descartemos, si escarbamos un poco más, que lo que le moleste sea que otra persona tome una decisión; es decir, no tener todo el poder.

3.- Es otro suceso más en un universo demasiado grande para ser concebido; todo continuará su camino y las galaxias no te echarán de menos dentro de un millón de años.

4.- Por lo que leo, lo que tengo era un borrador; algo parecido a la arcilla que sirve de materia prima al jarrón.

5.- Podría haberse hecho una película más fiel a la realidad; más cercana al mundo del jazz, más, no sé, distinta.

 

El punto y coma permite dotar de fluidez al texto al sustituir algunos puntos. Como he dicho, esto depende mucho del estilo de cada persona, de la escena en particular y de la rapidez con la que quieres que el lector se mueva por el texto; a veces quieres que se detenga en un determinado punto o que lea unas líneas más lentamente y en otras ocasiones que fluya con facilidad. Un párrafo de 30 líneas solo con comas puede ser un infierno para el lector, si además tiene subordinadas y está repleto de incisos (sí, también es verdad que a veces es necesario llevar al lector al infierno). Si se quiere mantener un buen ritmo sin necesidad de introducir pausas, es posible que algunas de esas comas puedan ser sustituidas por punto y coma.

Pero dejemos el punto y coma y veamos un par de ejemplos sobre la fluidez de la lectura. Véase por ejemplo el uso de la coma y el punto con la misma frase.

 

Levantarse, vestirse, desayunar, cepillarse los dientes, suicidarse.

Levantarse. Vestirse. Desayunar. Cepillarse los dientes. Suicidarse.

 

Se ve incluso mejor si lo combinamos. 

 

Levantarse, vestirse, desayunar, cepillarse los dientes. Suicidarse.

 

En este caso lo que va detrás del punto gana mucha fuerza, gracias a la pausa y a no formar parte de la enumeración. Incluso cuando utilizábamos sólo puntos, "Suicidarse" pasaba desapercibida entre el resto de palabras; no había nada que la hiciese destacar. Ahora es diferente: es la única palabra que lleva una pausa antes.

He de confesar que de un tiempo a esta parte tengo cierta obsesión por hacer la lectura todo lo fluida que me es posible[,] a pesar de que eso en ocasiones le resta claridad al texto (esta frase es un buen ejemplo: con la coma tienes un respiro, pero si la eliminas la lectura es un poco agobiante). Tiendo a construir frases con pocas comas, eliminar los incisos y paréntesis y convertir los puntos que puedo en punto y coma. Eso te puede llevar a frases eternas y agobiantes, un inconveniente que hay que manejar con cautela.

Veamos algunos ejemplos más. 

 

1. Aquella mujer, la de los tentáculos, miró por encima del hombro y descubrió, estupefacta, que tenía piernas. ¿De dónde habían salido?

2. Aquella mujer, la de los tentáculos, miró por encima del hombro y descubrió estupefacta que tenía piernas; ¿de dónde habían salido?

3. La mujer de los tentáculos miró por encima del hombro y descubrió estupefacta que tenía piernas; ¿de dónde habían salido?

 

Más que el uso de la puntuación, lo interesante en este caso está en la primera parte. Los dos incisos del texto (3) ralentizan la lectura ya que obligan a realizar paradas frecuentes de los ojos. Si quitamos uno de los incisos (el de "estupefacta", frase 2), la lectura se vuelve más rápida y si reorganizamos un poco la frase (3) para evitar los dos, gana mucha más velocidad.

Evidentemente, no siempre es posible o deseable hacer esto. No se puede obviar que el "estupefacta" de la primera frase transmite algo diferente al de la segunda; en el primer caso tiene un espacio para ella sola y está cómoda, en el segundo es una palabra que no tiene una especial importancia.

Para acabar, un ejemplo de que el punto funciona mejor que un punto y coma si lo que se quiere es conseguir un golpe de efecto:

 

Aquella mujer, la de los tentáculos, miró por encima del hombro y descubrió, estupefacta, que tenía piernas; sí, allí estaban.

Aquella mujer, la de los tentáculos, miró por encima del hombro y descubrió, estupefacta, que tenía piernas. Sí, allí estaban.

 

Sin salirse de la norma, todo depende del ritmo que cada persona le quiera dar al texto. Y si es necesario, tampoco pasará nada por salirse de las normas; al fin y al cabo, para eso están.

(Imagen original: www.tatoo.com)

La novela

Llevo un tiempo esquivando esta entrada, pero la idea de echar un vistazo a la evolución de la novela parece una buena idea, por aquello de que igual alguna vez la acabo. Incluso podría llegar a (i) publicarla, (ii) hacerme famoso y asquerosamente rico, (iii) comprar todos los ejemplares de 50 sombras de Grey y (iv) hacer una hoguera gigante. Cierto, solo (i) parece realmente factible, y no apostaría nada a ello. Eso si no muero antes, porque, por duro que parezca, no hemos de descartar la idea de que lo haga y la cruda realidad es que podría dejar este mundo (en un sentido figurado, no estoy pensado en desintegrarme) en cualquier momento.

Ahora, por ejemplo. No, parece que todavía no.

Para imaginar mi muerte podría escoger un ataque al corazón, pero es demasiado real y seguro que mi madre se preocupa, así que pensaré en un satélite ruso de la Guerra Fría fuera de control cayendo sobre esta casa; aunque no conozco las probabilidades que tengo de sufrir un infarto justo en este preciso momento, tiendo a pensar que son mayores que la idea del impacto del satélite.

Sigo escribiendo y ninguna de ambas cosas ha pasado. 

Podemos considerar otras alternativas: un meteorito, una invasión alienígena con epicentro en esta habitación, un maremoto que llegue hasta el centro de Madrid o la aparición de una singularidad en el espacio-tiempo que acabe con mi organismo. Morir tampoco es nada excepcional. Es otro suceso más sin importancia en un universo demasiado grande para ser concebido, y aunque uno puede sentirse apesadumbrado por las cosas que dejará sin hacer, qué más da; todo continuará su camino y las galaxias no te echarán de menos dentro de un millón de años.

Es opinable, pero esa última frase es un buen ejemplo del uso del punto y coma: cuando un punto es demasiado pero una coma es muy poco, aunque resumirlo de esa manera es un poco banal.

Al lío. Empecé con la novela allá por octubre de 2013. Poco después compré el programa Scrivener, que me ha servido de gran ayuda para organizar los capítulos y trabajar de una manera estructurada. Todo ha cambiado mucho desde la idea original, y lo sigue haciendo. El argumento inicial apenas es reconocible, la estructura ha cambiado al menos media docena de veces, el punto de vista lo ha hecho otras tantas y la forma verbal dos veces (de presente a pasado y de vuelta al presente). Por fortuna, todo eso es ya bastante estable y aunque tengo que decidir dónde ubico determinados acontecimientos, por primera vez tengo la sensación de que estoy enfilando la recta final del primer borrador.

Digo "primer" porque, aunque en realidad podría decirse que ya hay un primer borrador, la revisión que estoy haciendo es tan exhaustiva y estoy encontrando tantas omisiones que considerar lo anterior como algo definido no sería más que un ejercicio de optimismo voluntarista. Por lo que leo y corrijo, lo que había era más bien un boceto, ni siquiera un borrador; algo más parecido a la arcilla que sirve de materia prima al jarrón, que una vez formado habrá que repasar y añadir los adornos y corregir irregularidades, cocer, pintar, barnizar y, si todo va bien, buscar una tienda y un vendedor, poner a la venta y esperar que se venda. Queda mucho camino por andar. 

Vamos con los números. En el momento de escribir esta entrada, la novela tiene 119.472 palabras. A 250 palabras por página vienen a ser unas 480 páginas, y si subimos el número de palabras por página a 300, son justo 400 páginas. Mis estimaciones es que, cuando finalmente tenga un primer borrador real, estaré en torno a 140.000 palabras, que es más de lo que inicialmente había pensado. No obstante, las posteriores revisiones deberían actuar de poda y reducir en algo ese número. No descartemos el recorte que puede venir después del corrector profesional o que puede requerir un potencial editor. El objetivo es un número inferior a las 400 páginas, aunque no voy a recortar fragmentos que me parezcan relevantes por la simple razón de reducir la longitud. Habrá tiempo para eso.

Los tiempos. Aquí hablo de memoria. Como decía arriba, empecé en octubre de 2013 y seguí trabajando en ella hasta febrero de 2014.  La abandoné unos meses y la retomé de nuevo en verano pero no recuerdo haber hecho demasiados avances. La volví a dejar de lado y la retomé en las vacaciones de navidad de este pasado año, donde progresé en algunos conflictos argumentales. Este comportamiento errático ha tenido una ventaja y un inconveniente. La ventaja es que me permite ver lo escrito con nuevos ojos, pero por contra dejar el texto tanto tiempo me obliga a releer parte de la novela ya que se me olvida si he hablado de esto o aquello (en ocasiones me descubro leyendo un fragmento que habla de lo mismo que acabo de escribir y que había escrito meses atrás). Más o menos en mayo de este año la volví a coger y continué con ella, aunque un par de nudos que no tenía claro cómo resolver me generaban bastante ansiedad y no avanzaba tanto como me hubiese gustado.

El empujón definitivo ha llegado en las vacaciones de verano, que han sido atípicas; a un ritmo de escritura de unas siete horas al día con la excepción de los fines de semana y algún día suelto, me alegra darme cuenta de que empiezo a ver el jarrón; he publicado algunos fragmentos que van dando una idea del tono. Dado que tengo que ganarme la vida, en las próximas semanas el ritmo se reducirá, pero espero tener un texto estable antes de finales de año, y no creo estar siendo demasiado generoso. En un par de meses más (mediados de febrero), un segundo borrador, y luego dar paso a los lectores beta (cuatro como máximo). Valorar e incorporar las modificaciones y comentarios que me hagan (y considere adecuadas) y un poco más tarde, en mayo, el corrector profesional (que no será barato). De esta forma, a expensas de lo que puede tardar éste, para el verano que viene debería tener el jarrón pintado y listo para barnizar. Pero falta mucho.

Acabo con una cita que pertenece al libro Diario de un mal año, de J. M. Coetzee. Me la envió Laura hace ya varios meses mientras lo leía, quien está sufriendo como nadie la elaboración de esta novela y las frustraciones y angustias que me genera.

¿Una novela? No, ya no tengo la fortaleza necesaria.
Para escribir una novela tienes que ser como Atlas, cargar con todo un mundo en tus hombros y sostenerlo durante meses y años , mientras todos sus asuntos se resuelven por sí mismos. Es demasiado para mí en mi estado estado actual.

Si yo sostengo el mundo, tú me sostienes a mí.

De bombas

Llevo un par de días enfrascado en una escena de un capítulo. Por razones de carácter metafórico, me ha parecido interesante utilizar un símil con los ensayos nucleares subterráneos de bombas atómicas que se realizaban en la Guerra Fría, así que me puse a buscar en Google. Después de pasarme dos días buscando bomba, misíl balístico, detonación, radiación nuclear, bomba nuclear, onda de expansión, pantalla bomba atómica, efectos explosión, y varios términos similares, estoy esperando que de un momento a otro aparezca en mi puerta el Centro Nacional de Inteligencia para detenerme.

En ese caso, la novela quedará inacabada. Será una pena. Quizá debería ir buscando un abogado.